Misión Artemis II: Los humanos vuelven a la luna después de 50 años - Parte 2

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Desde nuestra primera publicación relacionada a la Misión Artemis II, hasta la fecha, la misión Artemis ha sido postergada en más de una ocasión, quedando programada tentativamente para el mes de marzo entre los días 6 y 11.

La NASA comunicó el 30 de enero, que el lanzamiento se postergaría dos días, hasta el 8 de febrero debido a condiciones meteorológicas inusualmente frías en la zona de Cabo Cañaveral y gran parte de Norte America. Esto obligó a la agencia a retrasar la carga de propelentes para el ensayo general húmedo (Wet dress rehearsal) de Artemis II hasta el 2 de febrero de 2026, seis días antes del lanzamiento previsto.

Posteriormente, el 2 de febrero, la NASA informó un nuevo aplazamiento del lanzamiento para marzo de 2026, tras detectarse una fuga de hidrógeno líquido durante el ensayo general. Además, fue necesario reajustar una válvula vinculada a la presurización de la escotilla del módulo tripulado Orion, recientemente reemplazada. Las tareas finales de cierre demandaron más tiempo del esperado, ante este escenario, la agencia señaló que, con marzo como ventana tentativa, los equipos revisarán en detalle los datos del ensayo, corregirán los problemas detectados y retomarán las pruebas.

Continuando con nuestra nota anterior, hoy nos corresponde la segunda parte, donde hablaremos en detalle del cohete SLS y sus componentes, quienes son los astronautas elegidos para esta misión, los acuerdos políticos que se han llevado acabo y las criticas que ha tenido el programa a lo largo de los años.

SLS (Space Launch System)

El Sistema de Lanzamiento Espacial (Space Launch System, SLS) es un cohete desarrollado por la NASA desde 2011 con el objetivo de llevar seres humanos y grandes cargas más allá de la órbita terrestre baja, principalmente a la Luna, y en el futuro a Marte

Este cohete no reutilizable (Una vez lanzado hay que construir otro), fue concebido como el sucesor de los cohetes del programa Constellation (Ares I y Ares V). Este programa fue cancelado en el año 2010, buscaba crear una nueva generación de cohetes y naves espaciales, como el nuevo pilar de la exploración espacial estadounidense tras el retiro del transbordador espacial.

​El SLS está concebido como el sucesor del transbordador espacial y como el principal vehículo de lanzamiento de la NASA para sus planes de exploración del espacio profundo hasta finales de la década de 2030. Cabe recordar que la agencia volvió a lanzar astronautas desde suelo estadounidense en 2020, utilizando el cohete Falcon 9 de SpaceX. Esto ocurrió después de casi una década de dependencia de Rusia, ya que tras el retiro del transbordador espacial en 2011, la NASA enviaba a sus tripulaciones en colaboración con la agencia espacial rusa Roscosmos, a bordo de los cohetes Soyuz.

Etapa central

El SLS se basa en una arquitectura modular, diseñada para evolucionar progresivamente con el tiempo. Su componente principal es la etapa central, un enorme tanque criogénico que almacena hidrógeno y oxígeno líquidos, alimentando a cuatro motores RS-25 ubicados en su base. En conjunto, estos motores generan un empuje de 7,44 meganewtons (MN) durante aproximadamente ocho minutos de funcionamiento, permitiendo que el vehículo alcance una altitud cercana a los 162 kilómetros antes de la separación de la etapa.

Los motores RS-25, heredados y modernizados del programa del transbordador espacial, fueron adaptados para operar a mayores niveles de potencia y bajo perfiles de misión diferentes, ya que en el SLS se utilizan una sola vez en cada lanzamiento. La etapa central es la más grande jamás construida por la NASA, tanto por su altura (65 metros) como por su volumen de propelente, que alcanza las 987 toneladas. Su fabricación estuvo a cargo de Boeing, proceso que enfrentó importantes desafíos técnicos y logísticos durante las fases de ensamblaje y pruebas.

Cohetes de combustible sólido

Los cohetes de combustible sólido (Solid Rocket Boosters, SRBs) del Space Launch System (SLS) constituyen uno de los elementos más críticos del sistema de lanzamiento, ya que proporcionan la mayor parte del empuje durante los primeros minutos del despegue. El SLS utiliza dos SRBs, montados a ambos lados de la etapa central, cuya función principal es vencer la gravedad terrestre y permitir que el vehículo abandone la atmósfera inferior (troposfera).

Estos cohetes de combustible sólido derivan directamente de los utilizados en el programa del transbordador espacial, aunque incorporan mejoras significativas. A diferencia de los SRBs del transbordador, que contaban con cuatro segmentos, los del SLS están compuestos por cinco segmentos, lo que permite almacenar una mayor cantidad de propelente sólido y, en consecuencia, generar más empuje y una mayor duración de combustión.

Cada SRB mide aproximadamente 54 metros de altura y contiene alrededor de 650 toneladas de propelente sólido. El combustible utilizado es un propelente compuesto, formado principalmente por perclorato de amonio (oxidante), polvo de aluminio (combustible) y un aglutinante polimérico que mantiene la mezcla sólida y estable, otorgándole una consistencia similar a la de una goma de borrar. Una vez encendidos, los SRBs no pueden apagarse ni regular su empuje, por lo que su diseño, fiabilidad y robustez estructural son fundamentales para garantizar la seguridad de la misión.

Durante el lanzamiento, los dos aceleradores aportan alrededor del 75 % del empuje total del SLS, generando en conjunto más de 31.14 MN de empuje, convirtiéndose en el cohete más poderoso alguna vez lanzado por el ser humano. Tras aproximadamente dos minutos de funcionamiento, su combustible se agota, los SRBs se separan de la etapa central y caen al océano, sin poder ser reutilizados, a diferencia de los del transbordador espacial.

De cara al futuro, la NASA planea que en versiones más avanzadas del SLS (Especialmente el Bloque 2), estos aceleradores de cinco segmentos sean reemplazados por aceleradores sólidos o híbridos avanzados, con mayor eficiencia y capacidad de carga, lo que permitirá transportar misiones más pesadas hacia la Luna, Marte y otros destinos del espacio profundo.

Etapa superior

La etapa superior del Space Launch System (SLS) cumple un papel fundamental en las misiones Artemis, ya que es la encargada de colocar la nave Orion y su carga en la trayectoria correcta hacia la Luna. Esta etapa actúa una vez que la etapa central ha completado su función, proporcionando los encendidos finales necesarios para alcanzar órbitas altas o trayectorias de escape.

En la versión inicial del Space Launch System (SLS), correspondiente al Bloque 1, la etapa superior utilizada es la etapa de propulsión criogénica provisional (Interim Cryogenic Propulsion Stage, ICPS), derivada de la segunda etapa del cohete Delta IV. Esta etapa emplea hidrógeno y oxígeno líquidos como propelentes criogénicos y está impulsada por un motor RL10B-2, reconocido por su alta eficiencia y fiabilidad operativa.

La función principal del ICPS es ejecutar la inyección translunar (Trans-Lunar Injection, TLI), la maniobra que envía a la nave Orion rumbo a la Luna. En las misiones Artemis II y Artemis III, el ICPS utilizará la variante RL10C-2, una versión modernizada del motor que incorpora mejoras en fabricación y control.

A partir del Bloque 1B (Misiones Artemis IV en adelante), el Space Launch System (SLS) incorporará una etapa superior más potente denominada etapa de exploración superior (Exploration Upper Stage, EUS), diseñada específicamente para misiones de exploración más ambiciosas. La EUS estará equipada con cuatro motores RL10C-3, lo que le permitirá generar un mayor empuje y, sobre todo, transportar cargas considerablemente más pesadas, tanto en misiones tripuladas como en misiones de carga.

Esta nueva etapa incrementará de forma significativa la capacidad total del SLS, al posibilitar el lanzamiento simultáneo de la nave Orión y de grandes módulos destinados a la estación lunar Gateway u otros destinos más lejanos. Además, la EUS incorpora tanques de mayor tamaño, sistemas de control avanzados y una estructura optimizada para soportar múltiples encendidos en el espacio, una capacidad esencial para el desarrollo de misiones complejas de larga duración.

Gracias a esta etapa, el SLS podrá evolucionar hacia su versión más avanzada, el Bloque 2 será clave en la futura exploración de la Luna y a largo plazo, de Marte. El Bloque 2 se desarrolla debido a que el stock de cohetes de combustible sólido (SRBs) del SLS Bloque 1 y Bloque 1B está limitado por la cantidad de carcasas restantes del programa del transbordador espacial, lo que permite un máximo de ocho vuelos del SLS.

Programa BOLE

Por este motivo, la NASA anunció el 2 de marzo de 2019 el programa de extensión de vida útil y actualización de propulsores (Booster Obsolescence and Life Extension, BOLE), con el objetivo de desarrollar nuevos aceleradores de combustible sólido para el SLS Bloque 2. Estos nuevos aceleradores estarán a cargo de Northrop Grumman Space Systems y buscan superar las limitaciones de los actuales SRBs heredados del programa del transbordador espacial.

Los impulsores del programa BOLE estarán derivados de los cohetes de combustible sólido de carcasa compuesta, sistemas de propulsión de alto rendimiento que integran el propulsor, un revestimiento interno y una estructura resistente, ligera y duradera. Este diseño estaba siendo desarrollado originalmente para el vehículo de lanzamiento OmegA, un programa que fue posteriormente cancelado, pero cuyas tecnologías continúan siendo aprovechadas para la evolución futura del Space Launch System.

El programa BOLE es una iniciativa de la NASA destinada a modernizar y prolongar la vida útil de los aceleradores de combustible sólido del Space Launch System (SLS), al mismo tiempo que se reducen costos y se eliminan componentes obsoletos heredados del programa del Transbordador Espacial. Este programa es clave para la evolución del SLS, con su última versión siendo el Bloque 2.

Los aceleradores actuales del SLS (SRBs de cinco segmentos) se basan en una tecnología desarrollada originalmente en las décadas de 1970 y 1980. Si bien han demostrado una alta fiabilidad operativa, muchos de sus materiales, procesos de fabricación y proveedores ya no existen.

El programa BOLE surge precisamente para abordar esta problemática mediante un rediseño integral del acelerador, incorporando técnicas modernas de manufactura, nuevos materiales y una cadena de suministro más sostenible. Uno de los objetivos principales de esta iniciativa es, además, mejorar el rendimiento del sistema.

Para lograrlo, se está desarrollando un nuevo propelente sólido más eficiente, junto con una estructura más ligera y sistemas internos actualizados. Estas mejoras permitirán generar un mayor empuje que el de los SRBs actuales, incrementando la capacidad de carga del SLS sin necesidad de modificar la etapa central. Gracias a estos avances, el BOLE se convertirá en el acelerador estándar del SLS Bloque 2, permitiendo que el cohete alcance su máximo potencial operativo.

El desarrollo del SLS estuvo marcado por retrasos, sobrecostos y complejas pruebas estructurales, especialmente en la etapa central, que debió superar campañas de ensayos como el programa Green Run, donde se probaron por primera vez los cuatro motores RS-25 funcionando juntos durante varios minutos. A pesar de estas dificultades, el primer lanzamiento en 2022 con Artemis I demostró la viabilidad del diseño y validó más de una década de trabajo de ingeniería.

Los astronautas

La misión Artemis II será el primer vuelo tripulado del programa Artemis y la prueba definitiva del sistema que permitirá el regreso humano al entorno lunar. Al frente de esta misión se encuentra una tripulación cuidadosamente seleccionada y entrenada durante años para afrontar uno de los desafíos técnicos más complejos desde la era Apollo.

La tripulación fue anunciada oficialmente el 3 de abril de 2023, tras un proceso interno de selección que evaluó experiencia operativa, liderazgo y desempeño en misiones anteriores. Los elegidos fueron Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch y Jeremy Hansen (especialistas de misión).

Reid Wiseman, astronauta de la promoción de la NASA de 2009, fue designado comandante de Artemis II por su amplia experiencia en operaciones espaciales. Wiseman viajó a la Estación Espacial Internacional en 2014, donde formó parte de las Expediciones 40 y 41.

Durante esa misión acumuló 165 días en órbita y realizó dos caminatas espaciales. Desde 2020, Wiseman ha sido uno de los principales responsables de los simuladores de vuelo de Orion en el Centro Espacial Johnson, participando en más de 600 horas de simulaciones que reproducen fallas críticas, pérdida de sistemas y escenarios de emergencia durante el vuelo translunar.

Victor Glover, astronauta de la NASA desde 2013, será el piloto responsable de las maniobras manuales y automatizadas de la nave Orion. Glover voló previamente en la misión Crew-1 de SpaceX, lanzada en noviembre de 2020, y permaneció 168 días en la ISS.

Como piloto, Glover ha completado más de 1.600 horas de entrenamiento específico en sistemas de navegación, control de actitud y propulsión, incluyendo pruebas en el simulador de acoplamiento de Orion y vuelos parabólicos para entrenar operaciones en microgravedad.

Christina Koch, astronauta desde 2013, es una de las figuras más reconocidas del cuerpo de astronautas de la NASA. Entre marzo de 2019 y febrero de 2020, realizó la misión espacial continua más larga de una mujer, con 328 días en el espacio y formó parte de la primera caminata espacial exclusivamente femenina lo que la convierte en una de las astronautas con mayor resistencia fisiológica probada en microgravedad.

Para Artemis II, Koch se ha especializado en los sistemas de soporte vital de Orion (ECLSS), supervisando pruebas de larga duración realizadas entre 2021 y 2024, que incluyen simulaciones de hasta 21 días de misión continúa, replicando el perfil real del vuelo lunar.

Jeremy Hansen, astronauta canadiense, seleccionado por la Agencia Espacial Canadiense (CSA) en 2009, hará historia al convertirse en el primer ciudadano de Canadá en viajar a la Luna. Hansen es ex piloto de combate CF-18 y fue instructor de vuelo táctico de la Real Fuerza Aérea Canadiense.

Desde 2020, Hansen ha liderado entrenamientos conjuntos entre la NASA y la CSA, especialmente en procedimientos de emergencia, comunicaciones de espacio profundo y navegación autónoma, esenciales cuando la nave se encuentre a más de 380.000 km de la Tierra.

Entrenamiento

Aunque la tripulación fue anunciada en 2023, el entrenamiento de Artemis II comenzó de manera formal en 2020, cuando los astronautas asignados a futuras misiones Artemis comenzaron a rotar por los equipos de desarrollo de Orion y del cohete Space Launch System (SLS). A grandes rasgos el entrenamiento fue el siguiente:

  • 2020–2021: Familiarización con Orion, sistemas de navegación y control térmico
  • 2021–2022: Simulaciones integradas con el SLS, perfiles de vuelo y abortos de lanzamiento
  • 2022–2024: Entrenamiento de misión completa, incluyendo recuperación en el océano y supervivencia
  • 2024–2025: Simulaciones de misión en tiempo real de 10 a 21 días, con control de misión completo

El equipo entrenó en el Neutral Buoyancy Laboratory (NBL) de Houston, donde practicaron procedimientos de emergencia en trajes espaciales, y realizaron entrenamientos de supervivencia en mar abierto con la Marina de los EE. UU., simulando el amerizaje de la cápsula Orion.

Los trajes espaciales

Las misiones Artemis, han permitido crear y lograr grandes avances en tecnología y ciencias, con esto también se introduce una nueva generación de trajes espaciales diseñados para misiones de larga duración y exploración sostenible.

En octubre de 2019, la agencia presentó oficialmente dos sistemas de trajes que acompañarán a los astronautas en las distintas fases de las misiones: el traje de movilidad y de exploración extra vehicular (Exploration Extravehicular Mobility Unit, xEMU) diseñado por Axiom Space y Prada y el sistema de supervivencia de la tripulación de Orion (Orion Crew Survival System, OCSS), diseñado por David Clark Company Incorporated.

Cada uno cumple una función específica y complementaria dentro de la arquitectura del programa.

Traje xEMU

El xEMU es el traje diseñado para las actividades extra vehiculares (Extra Vehicular Activities, EVA), es decir, para las caminatas sobre la superficie de la Luna, trabajos en el exterior de estaciones y módulos. Se trata de una evolución profunda de los trajes usados en el programa Apollo y en la Estación Espacial Internacional, con mejoras sustanciales en movilidad, durabilidad y autonomía.

A diferencia de sus predecesores, el xEMU permite caminar, agacharse, arrodillarse y rotar el torso, movimientos esenciales para trabajar en terrenos irregulares como el polo sur lunar, donde se desarrollarán las primeras misiones Artemis. Con un peso de 55,3 kg su diseño modular permite reemplazar componentes sin cambiar todo el traje, reduciendo costos y tiempos de mantenimiento.

Técnicamente, el xEMU opera a una presión interna de 4,3 psi, similar a los trajes de la ISS, pero con un sistema de soporte vital completamente rediseñado que permite hasta 8 horas de actividad extra vehicular, más un margen de emergencia. El traje incorpora materiales resistentes al polvo lunar, uno de los mayores problemas detectados durante el programa Apollo y un sistema térmico capaz de soportar temperaturas extremas que van desde –156 °C hasta más de 120 °C.

Desde 2022, el desarrollo del xEMU pasó a manos de Axiom Space, que está adaptando el diseño bajo el nombre AxEMU, el cual será utilizado en Artemis III, la misión que devolverá astronautas a la superficie lunar.

Traje OCSS

El sistema de supervivencia de la tripulación de Orion (Orion Crew Survival System, OCSS) es el traje que los astronautas utilizarán dentro de la nave Orion, durante el lanzamiento, el vuelo hacia la Luna, el regreso a la Tierra y el amerizaje. Su función no es permitir caminatas espaciales, sino mantener con vida a la tripulación en caso de una emergencia, como por ejemplo una despresurización de la cápsula.

El OCSS es un traje presurizado de una sola pieza, diseñado específicamente para operar dentro de la nave. Está conectado a los sistemas de soporte vital de la nave mediante umbilicales y puede proporcionar oxígeno, refrigeración y presurización de manera independiente durante varias horas. Incorpora sensores biomédicos que permiten a los equipos en tierra monitorear en tiempo real la salud de cada astronauta.

Este traje fue probado extensamente en la misión Artemis I (2022) mediante maniquíes instrumentados que viajaron alrededor de la Luna, recolectando datos sobre radiación, vibración y temperatura.

Para Artemis II, los astronautas ya entrenaron de manera intensiva con estos trajes en simuladores de Orion y en ejercicios de recuperación en mar abierto.

Acuerdos y criticas del programa

Los Acuerdos Artemis constituyen un marco de cooperación internacional impulsado por la NASA y el gobierno de Estados Unidos, cuyo objetivo es establecer principios comunes que regulen la exploración civil y pacífica del espacio ultraterrestre, con especial énfasis en la Luna. Fueron presentados oficialmente el 13 de octubre de 2020 en el contexto del Programa Artemis.

A diferencia de los tratados internacionales clásicos, los Acuerdos Artemis se concretan mediante acuerdos bilaterales entre Estados Unidos y cada país firmante. No obstante, se apoyan en normas ya existentes del derecho espacial internacional, en particular en el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967.

El contenido de los Acuerdos Artemis desarrolla y actualiza principios fundamentales para esta nueva etapa de la exploración espacial. Entre ellos destacan el uso exclusivamente pacífico del espacio, la transparencia en la planificación y ejecución de las misiones espaciales, y la interoperabilidad de los sistemas espaciales, con el fin de facilitar la cooperación internacional. Asimismo, refuerzan la asistencia a astronautas en situaciones de emergencia, consolidando su estatus como enviados de toda la humanidad, y establecen el compromiso de registrar los objetos espaciales conforme a las normas internacionales vigentes.

Uno de los aspectos centrales de los Acuerdos Artemis es la regulación del uso de recursos espaciales. Los países firmantes reconocen que la extracción y utilización de recursos naturales de la Luna, como el hielo de agua o el regolito, es compatible con el derecho internacional, siempre que no implique apropiación nacional de cuerpos celestes. En este contexto se introduce el concepto de “zonas de seguridad”, definidas como áreas operativas destinadas a evitar interferencias dañinas entre misiones de distintos países y a garantizar la seguridad de las operaciones lunares. Además, los acuerdos promueven la protección del patrimonio espacial, incluyendo sitios históricos como los lugares de alunizaje del programa Apollo.

Desde su adopción, el número de países adherentes a los Acuerdos Artemis ha crecido de manera sostenida, alcanzando hasta la fecha un total de 56 países, entre ellos Chile.

No obstante, los acuerdos también han generado debates y críticas, especialmente por parte de países que no participan en ellos, como China y Rusia, que los consideran una iniciativa liderada por Estados Unidos con potencial impacto geopolítico en la gobernanza futura del espacio.

También el programa ha recibido criticas, una de las más frecuentes es el alto costo del programa, en particular del cohete Space Launch System (SLS) y de la nave Orion. Diversos informes y analistas han señalado que cada lanzamiento del SLS implica un gasto de varios miles de millones de dólares, lo que ha generado cuestionamientos sobre su sostenibilidad en el tiempo y comparaciones desfavorables con alternativas comerciales más económicas, como los lanzadores reutilizables desarrollados por empresas privadas.

También se cuestionan los retrasos acumulados. Artemis fue anunciado inicialmente con la meta de regresar astronautas a la Luna a comienzos de la década de 2020, pero problemas técnicos, cambios de planificación y dificultades presupuestarias han provocado múltiples aplazamientos.

Algunos sectores de la comunidad científica sostienen que los recursos destinados a Artemis podrían haberse orientado a misiones robóticas, a la exploración directa de Marte o al fortalecimiento de programas científicos en órbita terrestre. Para estos críticos, la Luna sería más un paso político y simbólico, que una necesidad científica inmediata. ¿Tú qué opinas?

De este modo, queda esperar la fecha del lanzamiento de la misión Artemis II, hito al que le daremos cobertura.

Redacción: Felipe Morales / Aerofocus
Edición: Aero-Naves
Fotografía de Portada: NASA