Gripen v/s F-16: A la conquista de la región

Aerofocus

En el escenario sudamericano actual, la presencia de aeronaves de combate de cuarta generación avanzada ya no constituye una novedad, sino una condición necesaria para sostener capacidades de defensa aérea y garantizar la continuidad operativa de fuerzas aéreas que enfrentan procesos de reemplazo largamente postergados. La progresiva obsolescencia de flotas heredadas de la Guerra Fría en algunos casos, sumada a restricciones presupuestarias persistentes y un entorno estratégico cada vez más exigente, ha obligado a los estados de la región a replantear qué plataforma adquirir, y cómo sostener su operación en el tiempo

En este contexto, el F-16 Fighting Falcon y el SAAB Gripen se han consolidado como las principales alternativas occidentales disponibles en la región, representando dos aproximaciones distintas a un mismo desafío: equilibrar capacidad operativa, sostenibilidad logística y proyección estratégica en fuerzas aéreas con realidades económicas, industriales y políticas diversas.

Más que una competencia directa entre ambas plataformas, la presencia de ambos sistemas permite observar dos filosofías de diseño, adquisición y empleo, cada una con fortalezas propias y adaptaciones claras a realidades políticas, económicas y estratégicas de los países que las operan o evalúan.

F-16: estandarización, experiencia acumulada e interoperabilidad

El F-16 constituye hoy el sistema de combate más extendido en Sudamérica dentro del ámbito occidental. Su punto fuerte no radica únicamente en sus prestaciones técnicas, sino en la madurez del ecosistema que lo rodea: una logística ya consolidada, doctrina que ha sido probada y una interoperabilidad inmediata con fuerzas que operen bajo estándares OTAN. 

Modelo que privilegia la estandarización y la masa crítica, facilitando la integración en ejercicios multinacionales, disponibilidad de repuestos y la actualización progresiva de capacidades. Sin embargo también supone aceptar una estructura logística compleja y una dependencia significativa de cadenas de suministro internacionales, aspectos que algunos países consideran asumibles y otros buscan equilibrar con mayor autonomía 

Actualmente el F-16 es operado en la región por Venezuela, a pesar de contar con suministro de repuestos de hace ya varios años, Chile con dos décadas de operación exitosa y Argentina quien recientemente se incorporó entre los operadores de F-16.

Gripen: Sistema en evolución que busca ganar terreno en latinoamérica

El Gripen representa una filosofía distinta. Diseñado originalmente para las necesidades estratégicas de Suecia, el JAS 39 fue concebido como un sistema eficiente, adaptable y de bajos costes de operación, capaz de sostener un alto nivel de disponibilidad incluso con infraestructuras limitadas como pistas de aterrizaje. Con el correr de los años, el Gripen ha ido evolucionando hasta convertirse en una plataforma aérea moderna y acorde a sus tiempos.

La propuesta de Saab va más allá de la aeronave en sí. El Gripen se presenta como un sistema abierto, con arquitectura flexible y con una fuerte orientación a la transferencia tecnológica, permitiendo a los operadores desarrollar capacidades nacionales en mantenimiento, integración de sistemas y evolución futura. En un contexto regional marcado por restricciones presupuestarias y extensos espacios aéreos, estas características han comenzado a ganar peso en los procesos de decisión.  

Cabe recordar que el SAAB Gripen es co-producido en Brasil a través de Embraer, país que ya cuenta con varias unidades en operación mientras otras están en la línea de producción. Lo anterior es un plus para el avión de combate sueco, al contar con una producción cercana, mantenimiento profundo sin necesidad de ir a Europa y una cadena de suministros y repuestos constante.

Chile: dos décadas de experiencia en el F-16

Chile constituye el caso más consolidado de operación del F-16 en la región. A partir de la introducción de los F-16 Block 50 bajo el programa Peace Puma y su posterior expansión mediante los programas Peace Amstel I y II, la Fuerza Aérea de Chile ha acumulado 20 años de experiencia continua con este sistema de armas.

Esta trayectoria ha permitido una maduración doctrinaria profunda, optimización logística y una integración plena del F-16 como columna vertebral de su aviación de combate. La experiencia chilena no solo ha servido para validar el modelo F-16 en el contexto regional, sino que también ha funcionado como referencia para países que hoy se encuentran en procesos de transición similares.

Argentina: recuperación de capacidades con el F-16

Tras más de una década sin capacidad supersónica efectiva, Argentina inició recientemente un proceso de recuperación mediante la adquisición de F-16AM/BM provenientes de Dinamarca. Esta decisión marca un punto de inflexión para la Fuerza Aérea Argentina, restituyendo capacidades de intercepción y combate aire-aire que se habían visto severamente degradadas tras el retiro de los Mirage.

Más allá de la plataforma en sí, el retorno al ámbito del F-16 implica para Argentina un reingreso a esquemas de interoperabilidad occidental, junto con un desafío significativo en términos de infraestructura, entrenamiento y sostenimiento, aspectos que serán determinantes para el éxito del programa en el mediano plazo.

Perú: el F-16 Block 70 como opción prácticamente definida

Perú se encuentra en la fase final de un proceso largamente esperado para el reemplazo de su flota de combate, y en el escenario actual el F-16 Block 70/72 emerge como la alternativa claramente priorizada por las autoridades. Tras evaluar diversas opciones, el foco peruano se ha desplazado hacia la versión más avanzada del Fighting Falcon, que ofrece una combinación de capacidades modernas, continuidad logística y respaldo institucional bajo el esquema de ventas militares de los Estados Unidos.

La elección del Block 70 responde no solo a criterios de prestaciones (como la incorporación del radar AESA) sino también consideraciones de interoperabilidad regional, sostenimiento a largo plazo y acceso a un ecosistema logístico ya ampliamente probado. En ese sentido, la experiencia acumulada por operadores regionales del F-16, particularmente Chile, ha sido observada con atención dentro del proceso peruano.

La decisión final aún no ha sido anunciada oficialmente, y hasta último momento tanto el Gripen como el F-16 han estado en la competencia por ser el próximo avión de combate de la Fuerza Aérea de Perú.

Más allá de la plataforma específica, el caso de Perú ilustra cómo las decisiones actuales en Sudamérica tienden a concebir la adquisición de un caza de combate como parte de un sistema integral, donde el avión es solo uno de los componentes del conjunto que incluye entrenamiento, soporte logístico, infraestructura, armamento y proyección estratégica a varias décadas.

Brasil: una decisión estratégica de largo plazo

Brasil representa el ejemplo más acabado de una decisión que trasciende lo estrictamente operativo. La selección del Gripen E/F, designado localmente como F-39, respondió no solo a criterios técnicos, sino a una clara prioridad por el desarrollo industrial y la transferencia tecnológica.

La política de Brasil ha buscado a través del Gripen, potenciar el desarrollo nacional por sobre la dependencia de otros países para la operación de sus aeronaves.

La asociación con Saab ha permitido a la industria brasileña participar activamente en la producción, integración y evolución del sistema, sentando las bases para una mayor autonomía estratégica. Las entregas progresivas de aeronaves y la instalación de capacidades locales consolidan al Gripen como un proyecto estructural dentro de la Fuerza Aérea Brasileña.

Colombia: el eje sudamericano del Gripen 

Recientemente la Contraloría General de la República de Colombia ha dado luz verde a la decisión de adquirir 17 aviones de combate Gripen E/F para reemplazar su flota de IAI Kfir, dando una señal clara en un complejo proceso de adquisición el cual ha tenido distintos episodios con cada uno de los aviones participantes del proyecto. 

La selección colombiana, realizada tras evaluar alternativas como el F-16, o el Dassault Rafale (el cual en algún momento parecio estar cerca de ser elegido), incorpora un componente relevante de cooperación estratégica y compensaciones industriales, ampliando el alcance del programa más allá del ámbito estrictamente militar. Con Brasil y Colombia avanzando en paralelo, el Gripen comienza a consolidar un eje regional que contrasta con la concentración del F-16 en el Cono Sur y brinda una alternativa para países cuyas políticas no quieran depender en su totalidad de Estados Unidos o alguna otra potencia.

Dos filosofías, un mismo objetivo

Lejos de configurar un enfrentamiento directo, la coexistencia del F-16 y el Gripen en Sudamérica refleja una maduración del debate estratégico regional. El F-16 ofrece experiencia acumulada, interoperabilidad y estandarización; el Gripen propone flexibilidad, eficiencia y un soporte logístico importante en la región.

Ambos sistemas responden a realidades distintas y, en ese sentido, no existe una solución universal. La verdadera discusión no reside en cual es “mejor”, sino en qué modelo se adapta mejor a las prioridades política y de defensa nacional de cada país.

En una región caracterizada por grandes extensiones territoriales, presupuestos acotados y escenarios estratégicos y políticos diversos, la elección de un sistema de combate aéreo se ha transformado en una decisión estructural. La presencia simultánea del F-16 y el Gripen no debilita el equilibrio regional; por el contrario, lo enriquece, elevando el estándar tecnológico y fomentando una reflexión más profunda sobre sostenibilidad y proyección futura.

Redacción: Matías Carvajal – Aerofocus
Edición: Aero-Naves
Fotografía de Portada: SO Johnson Barros – FAB

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