En un mundo donde la aviación regional exige cada vez más versatilidad, eficiencia y capacidad para operar en entornos extremos, Aerocardal da un paso decisivo en su plan de modernización de flota. El tercer LET L-410NG, fabricado por Aircraft Industries (parte del grupo Omnipol) en Kunovice, República Checa, completa hace unas semanas un vuelo ferry que pone a prueba las capacidades de la aeronave, sino que se convierte en una historia de superación, planificación meticulosa y pasión aeronáutica.



Este turbohélice de última generación reemplaza progresivamente a los legendarios Dornier 228 que prestaron servicio fiel durante casi tres décadas. ¿Por qué el L-410NG marca la diferencia? Su peso máximo de despegue alcanza los 7.000 kilos, lo que le permite transportar hasta 19 pasajeros más equipaje con un radio de acción que, en condiciones óptimas, llega desde Santiago hasta Antofagasta o incluso Arica. Mayor carga útil, menores costos operativos y una configuración flexible que lo convierte en plataforma ideal para transporte regional, misiones aeromédicas y apoyo a la industria minera en pistas cortas o no pavimentadas.
La aeronave mantiene la silueta clásica del L-410 de los años 70, pero es un rediseño integral: alas completamente nuevas, motores más potentes, tren de aterrizaje reforzado, aviónica digital occidental de última generación y capacidad certificada para operar con diferencias de temperatura entre -50 °C y +50 °C. Es, en esencia, un avión completamente nuevo bajo una piel conocida.
La ruta del desafío del viejo continente al fin del mundo
El sábado 7 de marzo, el L-410NG con matrícula checa despega de Kunovice. La tripulación, compuesta por el comandante Felipe Guiñes, el primer oficial Felipe Cassasempere, el mecánico de sistemas Ken Arla y el gerente de mantenimiento de Aerocardal, inicia un viaje que combinará precisión militar con la flexibilidad de una operación civil. La ruta elegida cruza el Atlántico Norte dado que es lo que la autonomía del avión le permite, pero exige cumplir con todas las normativas de cada país: permisos de sobrevuelo, kits de supervivencia y planes de contingencia rigurosos.




La primera escala técnica en Hamburgo, Alemania, para repostar y continuar hacia Inverness, Escocia. Allí, la tripulación recoge un kit completo de supervivencia: trajes de inmersión y balsas salvavidas exigidos por las autoridades canadienses, islandesas y danesas para el cruce oceánico. Seguridad ante todo.
Al día siguiente, el salto a Islandia marca el primer gran contraste climático. De los 10-15 °C primaverales de Europa Central se pasa a -7 °C, nieve y pistas contaminadas. El comandante Guiñes, con vasta experiencia en transporte pesado, se convierte en el ancla perfecta para enfrentar estas condiciones inusuales en Chile.

Groenlandia y el muro de hielo
Tras una escala meteorológica en Islandia, el vuelo continúa hacia Narsarsuaq, Groenlandia. El frente de baja presión (970 milibares) y temperaturas extremadamente bajas obligan a volar más alto para superar el inmenso plateau de hielo que alcanza los 10.000-11.000 pies. Narsarsuaq, pista construida durante la Segunda Guerra Mundial en medio de un fiordo espectacular, recibe al avión con -7 °C y nevadas. Al día siguiente, el termómetro cae a -17 °C. Deshielo, procedimientos antihielo y la robustez del L-410NG son puestos a prueba… y superados con creces.
La decisión de pernoctar en Narsarsuaq no obedece a falta de combustible, sino a limitaciones de horas de tripulación. Con solo dos pilotos, la seguridad dicta descanso obligatorio.
El frente frío que obliga a improvisar
Al día siguiente, el objetivo es Goose Bay, Canadá. Sin embargo, un frente frío intenso amenaza con atrapar al avión durante tres o cuatro días. La tripulación decide continuar hacia Bangor (EE.UU.), pero el hielo severo aparece desde los 6.000 pies. Durante 50 minutos, el L-410NG vuela cargando hielo en los perfiles aerodinámicos. La velocidad cae, pero el avión —diseñado precisamente para estas condiciones— responde con solidez. Los instructores checos habían advertido: “Si encuentran hielo severo, no se preocupen… el avión está hecho para volar”.



Por prudencia y siguiendo la premisa de Aerocardal, “seguridad ante todo”, se desvían a Mont-Joli, Canadá. Al día siguiente, ruta a Westchester (al norte de Nueva York) para el ingreso formal a Estados Unidos. Temperaturas bajo cero persisten, pero el tráfico aéreo saturado de la Gran Manzana exige el máximo nivel de inglés y concentración. Los vectores del control de tránsito aéreo los llevan justo sobre Manhattan: una recompensa visual inolvidable con JFK, LaGuardia y el skyline al fondo.
Let L-410 NG del invierno al trópico caribeño
Myrtle Beach (Carolina del Sur) y luego Tampa-Clearwater marcan el cambio de escenario. El Caribe trae altas temperaturas y cumulonimbus. Aquí brillan las capacidades modernas del L-410 NG: radar meteorológico integrado en las pantallas de vuelo y datos satelitales vía SATCOM permiten esquivar tormentas con precisión quirúrgica.
Jamaica, aún recuperándose de un huracán reciente, muestra su resiliencia: en menos de seis meses, el aeropuerto y servicios funcionan a pleno. Luego, Jamaica-Panamá-Guayaquil. En Ecuador, el avión es presentado a la Fuerza Aérea, Ejército y Armada ecuatorianos, demostrando sus capacidades multipropósito.




Lima es la siguiente parada donde además se realiza una presentación al Grupo 8 de la Fuerza Aérea del Perú. A estas alturas ya se siente el calor sudamericano. El último tramo, Lima-Arica, implica todos los trámites aduaneros, SAG e internación. Finalmente, Arica-Santiago: el L-410NG toca suelo chileno sin novedad, completando una odisea de más de 10.000 kilómetros.
Este vuelo ferry no fue solo un traslado. Fue la prueba definitiva de la versatilidad del L-410 NG: pasó de climas templados a hielo severo, de pistas remotas en fiordos a espacios aéreos saturados, de temperaturas bajo cero al trópico húmedo. Todo con una tripulación mínima y bajo estrictas normas de seguridad.




Ricardo Real, director ejecutivo de Aerocardal, resume la visión: “La incorporación de estas aeronaves forma parte de nuestra estrategia para fortalecer la conectividad aérea y ofrecer soluciones confiables tanto para transporte regional como para operaciones críticas”.

Con tres unidades del L-410NG ya en Chile, Aerocardal consolida su renovación de flota. Estos aviones no solo mejorarán los servicios regulares de pasajeros y carga, sino que potenciarán misiones aeromédicas y apoyo a la minería en zonas aisladas.
Además, la compañía participa en FIDAE 2026 como socio comercial en América del fabricante Omnipol, donde el L-410 NG será uno de los protagonistas, tanto en exhibición estática así como en vuelo.



Un nuevo capítulo para la aviación regional chilena
El LET L-410 NG no llegó solo. Trajo consigo una historia de profesionalismo, resiliencia y visión estratégica. En un país de geografía extrema como Chile, contar con aeronaves modernas, robustas y versátiles no es un lujo: es una necesidad.
Redacción: Simón Blaise O.
Edición: Aero-Naves
Fotografías: Aerocardal – Julio Núñez


