En un intento por mitigar los problemas operacionales derivados de la falta de personal en el sector, el aeropuerto Heathrow de Londres introduce por primera vez una cuota de pasajeros diarios. Además, de anunciar la inédita medida pide a las líneas aéreas que dejen de vender pasajes aéreos por los próximos meses en un intento por mitigar los problemas de retrasos de vuelos, cancelaciones y altas aglomeraciones en los aeropuertos.
Según el aeropuerto londinense, no más de 100.000 pasajeros podrán embarcar diariamente por las instalaciones hasta el 11 de septiembre. Con esa cuota diaria, espera asegurar tiempos de espera “más adecuado” en los procesos críticos que enfrentan los pasajeros (como check-in, puntos de control de seguridad o migraciones y el retiro de equipaje). La administración de la terminal defiende la medida ante el exceso de pasajeros y la capacidad insuficiente de personal, por lo que de no aplicarla, los pasajeros enfrentarían esperas más largas, pérdidas de vuelos y cancelaciones de estos.
“Hemos comenzado a ver que los periodos en los que el servicio cae a un nivel que no es aceptable: largas filas, retrasos para los pasajeros que requieren asistencia, maletas que no viajan con los pasajeros, llegadas tarde, baja puntualidad y cancelaciones de última hora”, explica el aeropuerto. Atribuye la situación a una combinación de factores compartidos entre las líneas aéreas, los aeropuertos y los servicios de handling. El denominador común: la falta de personal para el alto flujo de pasajeros.
Actualmente, Londres (LHR) procesa 104.000 pasajeros diarios. Antes de la pandemia, moviliza un promedio de 125.000 pasajeros por día. Sin embargo, la menor cantidad disponible de personal aeroportuario y de línea aérea impide que se puedan atender a las personas. Según el aeropuerto los puntos donde falta más personal son los servicios de handling, check-in y gestión de equipaje.

Lo que ocurre en la terminal londinense no es otra cosa que una consecuencia más de las drásticas políticas aplicadas por los Gobiernos bajo el argumento de la pandemia. Tras los innecesarios cierres de fronteras, las extensas cuarentenas, gran parte del personal aeronáutico es enviado a sus hogares sin una fecha clara de retorno. Con varios meses fuera de la actividad, el regreso a los trabajos está asociado a reentrenamientos lo que no es un proceso sencillo.
La responsabilidad de lo que ocurre en Londres como en otros aeropuertos europeos es compartida. Por un lado, están los Gobiernos al implementar políticas -supuestamente- sanitarias descoordinadas, imprevistas y sobre todo extensas que sin una base científica clara, obligan a millones a confinarse y llevan a muchos a perder sus trabajos. Esas malas decisiones muestran su impacto hoy y afectan la ansiada recuperación. Por otro lado, está la responsabilidad de la propia industria de la aviación que no ha sido lo suficientemente rápida para reincorporar personal, probablemente, en un intento por no incurrir mayores costos que afecten aún más los desequilibrios financieros incurridos por las fallidas políticas gubernamentales impuestas por la pandemia.
Londres (LHR) es uno de los aeropuertos más transcurridos en Europa y en el mundo. El impacto de imponer la cuota de pasajeros diarios implica que algunas personas vean afectados sus planes de viaje. De acuerdo con ejecutivos de la industria se estima que 150 pasajeros por día no podrán viajar lo que se traduce en 10 vuelos cancelados de manera obligada de un total de 600. La administración del aeropuerto asegura que de los 4.000 pasajeros que hoy embarcan por encima de la cuota fijada, al menos, 1.500 pasajeros ya tienen un pasaje comprado.
British Airways es el principal operador en Londres (LHR) y probablemente sea el más afectado. Como respuesta a sus problemas de personal, se ve en la obligación de cancelar 30.000 vuelos para la temporada alta de verano en Europa.
Desde la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), critican la medida adoptada por Londres (LHR). “Me sorprende que Heathrow no haya podido actuar mejor”, dice Willie Walsh, director general de IATA.
Fotografía portada – British Airways
