Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) ha experimentado con aeronaves excedentes convertidas en plataformas no tripuladas. El rápido avance tecnológico de la aviación militar puso de manifiesto la necesidad de blancos aéreos realistas que replicaran con fidelidad las dimensiones, el rendimiento, la maniobrabilidad y la firma radar de los cazas contemporáneos.
Fue así como, a principios de la década de 1950, nace el programa Full-Scale Aerial Target (FSAT). El programa consistía en modificar cazas retirados del servicio para operarlos sin piloto a bordo, lo que permitía realizar pruebas de misiles, ensayos meteorológicos y nucleares, así como entrenamientos de fuego real, todo ello sin poner en riesgo vidas humanas.

Más de 70 años después, el programa sigue plenamente activo y ha dado una segunda vida a múltiples plataformas legendarias, redesignadas con el prefijo “QF”, donde la “Q” identifica a los vehículos aéreos no tripulados (UAV). Estas aeronaves se utilizan para testear firmas de radar, misiles aire aire, misiles antiaéreos, pods, pruebas de resistencia y blancos aéreos no tripulados.
Entre los cazas que han recibido esta segunda oportunidad se encuentran los F-80, F-104, F-106, F-4 Phantom II y F-16, todos ellos modificados y redesignados con el prefijo “QF”.

Los primeros pasos del FSAT: el QF-80
A comienzos de los años 50 se inició la conversión de los F-80 Shooting Star en la variante QF-80, capaz de realizar vuelos autónomos o controlados remotamente. Estas aeronaves se asignaron al 3215.º Escuadrón de Drones en la Base Aérea Patrick, en Florida, mientras que las pruebas operativas se llevaban a cabo principalmente en Indian Springs, Nevada.

En 1956 se realizó una de las primeras operaciones relevantes del programa FSAT: sobrevolar una explosión nuclear. El 15 de abril de ese año, tres QF-80 despegaron controlados remotamente desde tierra sin incidentes. Sin embargo, uno de ellos sufrió interferencias que provocaron la pérdida de control y su posterior impacto contra una montaña.
A pesar del incidente, la misión continuó. Un cuarto QF-80 despegó para reemplazar al aparato perdido y los tres cazas restantes lograron llegar al sitio de pruebas, sobrevolando la detonación nuclear. Las dos aeronaves que volaban a menor altitud sufrieron daños graves y fueron destruidas deliberadamente por el control terrestre. En cambio, el tercer aparato, que había sobrevolado la explosión a 5.100 pies, regresó a la base con daños estructurales menores.
La misión fue considerada un éxito y permitió recopilar valiosos datos sobre los efectos de las explosiones nucleares en aeronaves militares.

La llegada del vuelo supersónico no tripulado: QF-104 y sucesores
A partir de 1960, la USAF requería blancos aéreos más realistas que representaran las amenazas de alta velocidad de la época. Por ello, el programa FSAT decidió modificar prototipos del F-104 Starfighter, que serían redesignados como QF-104 Starfighter, reemplazando al ya obsoleto y subsónico QF-80.
El QF-104 era capaz de superar velocidades supersónicas y operar por encima de los 50.000 pies de altitud, características que lo convirtieron en una plataforma ideal para probar nuevos misiles como el AIM-7 Sparrow y el AIM-9 Sidewinder.

El QF-104 entró en operación en 1961. Su primera prueba consistió en un derribo realizado desde tierra mediante un misil BOMARC. Estas aeronaves podían ser controladas tanto desde tierra como desde el aire; en este último caso, el control se ejercía desde aviones T-33 Shooting Star especialmente modificados. En muchas misiones, un solo QF-104 podía ser operado por hasta ocho pilotos distintos durante el mismo vuelo.
Además de servir como blanco aéreo, los QF-104 realizaron peligrosas misiones meteorológicas, penetrando en fenómenos climáticos extremos. En una ocasión, uno de ellos fue impactado por tres rayos, sufrió daños en varios sistemas y, aun así, logró regresar a la base.

El QF-104 permaneció en servicio hasta 1972. Su última misión fue un derribo ejecutado por un misil AIM-9J a 10.000 pies y Mach 0,95, que marcó el final de su carrera operativa.
Su reemplazo fue el QF-102, una variante modificada del F-102 Delta Dagger. La USAF disponía de más de 400 ejemplares almacenados, lo que facilitó su conversión. Estas aeronaves permanecieron en servicio hasta 1986 y fueron fundamentales para las pruebas de sistemas como los misiles Stinger y Patriot.
Durante las décadas de 1980 y 1990, la USAF también operó los QF-100 Super Sabre y QF-106 Delta Dart, retirados en 1992 y 1997 respectivamente.
QF-4 Phantom II: una segunda vida para el Phantom
Con el fin de la Guerra Fría, numerosas aeronaves de la USAF fueron almacenadas tras la incorporación de nuevas variantes del F-15 y F-16, y la transición hacia cazas de quinta generación. Esto marcó el inicio del retiro del histórico F-4 Phantom II, que había estado en servicio desde la década de 1960 y contaba con un extenso historial de combate en Vietnam. Muchos ejemplares fueron enviados al 309.º Grupo de Mantenimiento y Regeneración Aeroespacial (AMARG).

El F-4 Phantom II, con una velocidad superior a Mach 2 y un peso máximo cercano a las 28 toneladas, permitía simular una amplia variedad de amenazas aéreas. Además, sus sistemas de contramedidas electrónicas aportaban un mayor grado de realismo durante las pruebas de armamento.
Entre 1997 y 2015, la USAF operó más de 300 QF-4 Phantom II dentro del 82.º Aerial Targets Squadron, de los cuales más de 250 fueron destruidos en pruebas. Las conversiones fueron realizadas por BAE Systems, y la última aeronave fue entregada en 2013.


Con el tiempo, sin embargo, las capacidades electrónicas del QF-4 comenzaron a quedar obsoletas frente a las amenazas de generación 4.5 y quinta generación. Además, su firma radar era considerablemente mayor que la de los cazas modernos.
Los blancos aéreos de la Armada estadounidense
Aunque la USAF incorporó el QF-4 a finales de la década de 1990, la Armada de los Estados Unidos (USN) ya operaba versiones no tripuladas del Phantom desde finales de los años 70.
Los blancos aéreos navales tenían, no obstante, una historia aún más larga. Tras la Segunda Guerra Mundial, numerosos F6F Hellcat excedentes fueron modificados y redesignados como F6F-5K. Estas aeronaves, controladas remotamente, se utilizaron para simular ataques contra la flota e incluso participaron en la Guerra de Corea, constituyendo un curioso antecedente de los UAV modernos.

Durante la década de 1960 fueron reemplazados por los QF-9, variantes modificadas del F-9 Cougar, empleados para simular misiles antibuque y probar sistemas como los AIM-9 Sidewinder, AIM-7 Sparrow y AIM-54 Phoenix.

Posteriormente, la Armada requirió un blanco supersónico capaz de representar amenazas como los bombarderos soviéticos Tupolev Tu-22. Al mismo tiempo, la llegada de los F-14 Tomcat y F/A-18 Hornet dejó disponibles numerosos F-4 Phantom II. Las variantes F-4B y F-4S fueron modificadas para operación remota y redesignadas como QF-4N y QF-4S. Tras el fin de la Guerra Fría, algunas fueron adaptadas incluso para lanzar misiles MA-31, versión estadounidense del misil soviético Kh-31.

Estos sistemas fueron retirados a finales de la década de 1990 debido a sus altos costos operativos y a que ya no representaban adecuadamente las amenazas modernas.
Desde la década de 1960 hasta la actualidad, la Armada ha priorizado drones diseñados específicamente para el rol de blancos aéreos, ya que ofrecen menores costos y una mejor adaptación a las necesidades navales.

El origen del apodo “Zombie Fighters”
Entre militares y entusiastas de la aviación se popularizó el apodo “Zombie Fighters” para referirse a las aeronaves del programa FSAT. El nombre surgió porque muchas de estas aeronaves permanecían almacenadas durante años en el AMARG, en el desierto de Arizona, a la espera de ser desguazadas. En lugar de terminar convertidas en chatarra, eran reacondicionadas y devueltas al servicio como blancos aéreos no tripulados. Además, el hecho de que muchos aparatos sobrevivieran a múltiples misiones incluso tras sufrir daños importantes reforzó aún más el apodo de “Zombie Fighters”.

El presente del FSAT: el QF-16 “Zombie Viper”
Actualmente, el programa FSAT opera el QF-16, versión modificada del F-16 Fighting Falcon. Este caza de cuarta generación cuenta con aviónica moderna, sistemas avanzados de contramedidas electrónicas, menor firma radar, controles fly-by-wire y una elevada maniobrabilidad.

El programa QF-16 comenzó en 2010, cuando Boeing inició los trabajos de conversión sobre F-16 provenientes del AMARG. Las primeras pruebas se realizaron en 2012 y el sistema alcanzó plena capacidad operativa en 2016. Tras 15 años de conversiones, el último ejemplar fue entregado al 82.º Aerial Targets Squadron en 2025, con una producción total cercana a los 120 QF-16.

El objetivo principal del programa sigue siendo el mismo: realizar pruebas de misiles y entrenamientos con fuego real. Al igual que en los primeros años del FSAT, muchas aeronaves sobreviven a múltiples misiones, ya que no todas las pruebas tienen como finalidad destruir el blanco aéreo.
La USAF espera operar el QF-16 al menos hasta 2035. No obstante, en un escenario aéreo en constante evolución, marcado por la consolidación de los cazas de quinta generación y la llegada de la sexta generación, es muy probable que su servicio se extienda incluso más allá de esa fecha.
La importancia de estos escuadrone radica en la forma de testear sistemas aéreos, sean estos armas, misiles, pods, materiales compuestos, firmas de radar y la performance de las aeronaves sometidas a situaciones extremas que serían un peligro para cualqueir piloto.





Redacción: Jorge Alcaíno
Fotografía de Portada: USAF


