La incorporación del F-16 Fighting Falcon a la Fuerza Aérea de Chile (FACh) no fue simplemente el resultado de un contrato para adquirir un nuevo avión, sino el fruto de un proceso continuo que combinó mejora cualitativa, ampliación cuantitativa y consolidación doctrinaria. Tras confirmarse la compra de los F-16C/D Block 50, comenzó el programa Peace Puma, al que luego se sumó la adquisición de los F-16A/B MLU provenientes de la Real Fuerza Aérea de los Países Bajos (RNLAF), materializada a través de los programas Peace Amstel I y Peace Amstel II.
En este contexto, los programas Peace Puma, Peace Amstel I y Peace Amstel II deben comprenderse como etapas complementarias dentro de una misma estrategia de modernización de la aviación de combate chilena. Desde el inicio de la producción de los componentes del sistema hasta la plena implementación del programa y sus capacidades asociadas por parte de la FACh, estas fases formaron parte de un proceso integrado y progresivo.

En esta segunda nota por los 20 años del F-16 Fighting Falcon en Chile, revisamos los programas vinculados a la aeronave, desde su confirmación como sistema de armas hasta su entrada en servicio en la Fuerza Aérea de Chile.
Peace Puma: introducción a las capacidades de la cuarta generación
El programa Peace Puma, desarrollado bajo el sistema Foreign Military Sales (FMS) del Departamento de Defensa de Estados Unidos, consideró la adquisición de 10 F-16C/D Block 50: seis en su versión monoplaza (C) y cuatro en su versión biplaza (D). En ese momento, el Block 50 representaba la versión más moderna del F-16 en producción. Las aeronaves serían completamente nuevas de fábrica y el programa incluía, además del entrenamiento, soporte logístico, simuladores y un paquete inicial de armamento.

En 2002 se firmó la carta de entendimiento para la adquisición de las aeronaves, las cuales serían construidas en la planta de Lockheed Martin en NAS Fort Worth, Texas. Durante años existió cierto hermetismo respecto a su apariencia final, lo que dio pie a múltiples representaciones digitales sobre el posible esquema de pintura.
El 14 de abril de 2005 se presentó oficialmente el primer F-16C destinado a la Fuerza Aérea de Chile. Su esquema de pintura —único en el mundo en ese momento— destacó de inmediato por su diseño limpio y distintivo. La aeronave fue mostrada en una configuración multirrol que incluía un pod de designación Litening, estanques de combustible externos, bombas de caída libre y misiles aire-aire Python IV y AIM-9P Sidewinder.



En los meses siguientes se realizaron los primeros vuelos de prueba mientras avanzaba la producción del resto de las aeronaves. Paralelamente, tanto el personal terrestre como los pilotos recibían formación en Estados Unidos, no solo sobre el sistema de armas, sino también sobre la gestión integral de una flota F-16. La Base Aérea “Los Cóndores”, destinada a operar estos aviones, también debió ser modificada de manera significativa para cumplir con los requisitos establecidos por Estados Unidos para una operación adecuada del sistema.


Las primeras aeronaves llegaron a Chile en enero de 2006, marcando un hito en la historia operacional de la FACh. El traslado se realizó en un vuelo directo desde Texas hasta Iquique, acompañado por aviones KC-135 de reabastecimiento en vuelo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Como detalle anecdótico, durante el vuelo los emblemas nacionales y la estrella del timón de dirección permanecieron cubiertos, una medida relacionada con su estatus legal durante la fase de transferencia internacional.



Las primeras dos aeronaves en arribar al país fueron los F-16D biplaza 858 y 859, presentados oficialmente el 31 de enero de 2006 en la II Brigada Aérea. Mientras una de ellas se exhibía en un hangar, la segunda realizó una breve pero destacada pasada en vuelo sobre las autoridades y el público presente. Fue la primera ocasión en que un F-16 Block 50 surcó los cielos de Santiago, marcando simbólicamente su llegada al país.
Una vez completados los procesos administrativos y técnicos, los F-16 fueron incorporados plenamente al inventario institucional y asignados al Grupo de Aviación N.º 3, con base en la Base Aérea Los Cóndores, donde comenzó su proceso de certificación operativa. De manera gradual, durante 2006 y 2007, las aeronaves restantes fueron llegando a su unidad en Iquique.


Cabe destacar que, en marzo de 2006, durante la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE), participaron las dos nuevas aeronaves de la FACh, tanto en exhibición estática como en demostración aérea. Su presentación evidenció la rápida familiarización y destreza alcanzada por los pilotos, pese al corto tiempo transcurrido desde su incorporación.




Desde una perspectiva técnica, los F-16 Block 50 incorporaron capacidades inéditas para la FACh, entre ellas el radar AN/APG-68(V)9, misiles aire-aire BVR AIM-120 AMRAAM, bombas guiadas, sistemas avanzados de guerra electrónica y la planta motriz General Electric F110-GE-129. Todo ello configuró una plataforma multirol de alto desempeño y alta fiabilidad.
Peace Amstel I: De la introducción a la expansión
Con las capacidades iniciales del F-16 ya operativas y una doctrina en proceso de adaptación, la FACh avanzó hacia una segunda fase destinada a aumentar el número de aeronaves disponibles sin comprometer el nivel tecnológico ni la interoperabilidad. En este contexto se estructuró el programa Peace Amstel, basado en la adquisición de F-16AM y BM de segunda mano modernizados bajo el estándar Mid Life Update (MLU), pertenecientes en ese entonces a la Real Fuerza Aérea de los Países Bajos (RNLAF).


El estándar MLU corresponde a un proceso de modernización y extensión de vida aplicado a estas aeronaves mientras operaban en Europa. Gracias a este programa, los aviones incrementaron su vida útil y fueron equipados con aviónica avanzada, sistemas de misión actualizados y capacidades plenamente interoperables con los F-16 Block 50, evitando la fragmentación de la flota y permitiendo una operación integrada.
La adquisición de los F-16 a los Países Bajos estuvo vinculada a un contexto particular: los excedentes de la Ley del Cobre, que en ese período permitieron a Chile destinar recursos a la modernización del armamento en las tres ramas de las Fuerzas Armadas. En ese marco, el Ejército adquirió los tanques Leopard 2A a Alemania, la Armada de Chile incorporó las fragatas Type 23 procedentes de Holanda y la Fuerza Aérea de Chile sumó los F-16AM/BM.



Las primeras aeronaves del programa Peace Amstel I comenzaron a arribar a Chile a partir de 2006, integrándose de manera progresiva a la estructura de combate. Los aviones despegaron desde la Base Aérea de Twenthe y realizaron escalas en Canarias y Recife, antes de llegar a Antofagasta. El traslado fue apoyado por un KDC-10 de la RNLAF encargado de las tareas de reabastecimiento en vuelo. Al igual que los F-16 Block 50, estas unidades llegaron inicialmente con marcajes nacionales cubiertos o parciales, a la espera de completar su proceso de aceptación formal por parte de la FACh.
Las tripulaciones formadas bajo el programa Peace Puma desempeñaron un rol clave en la implementación de Peace Amstel I y II, transfiriendo el conocimiento adquirido previamente y avanzando en la estandarización de procedimientos entre las distintas unidades.

Las aeronaves —11 monoplaza (A) y 7 biplaza (B)— fueron asignadas al Grupo de Aviación N.º 8, unidad especializada en ataque a tierra, una de las capacidades destacadas del F-16. Gracias a su mayor número de biplazas, este grupo también desempeña un rol fundamental en la formación de nuevos pilotos.
Como anécdota, durante el último vuelo ferry del Peace Amstel I, el F-16B matrícula J-211 (posterior 738) llevó un distintivo adhesivo conmemorativo con la frase «Mission Accomplished», marcando el cumplimiento de la entrega y la finalización del programa.

Peace Amstel II: Destinados a la superioridad aérea
El éxito de la primera fase dio paso al programa Peace Amstel II, mediante el cual la FACh incorporó un segundo lote de aeronaves F-16 MLU procedentes de los Países Bajos. Esta etapa contempló exclusivamente aviones monoplaza, con el propósito de conformar un nuevo grupo de aviación, que finalmente fue asignado al Grupo de Aviación N.º 7 en Antofagasta. Con ello, el proceso iniciado años antes alcanzó su madurez, consolidando al F-16 como la columna vertebral de la aviación de combate chilena.
Es relevante señalar que algunas de estas aeronaves participaron previamente en misiones de patrullaje de combate en Afganistán, operando bajo un componente de la OTAN.


Con ambas fases completadas, la FACh consolidó una flota numerosa, homogénea y plenamente interoperable, capaz de sostener operaciones de defensa aérea, entrenamiento avanzado y participación en ejercicios combinados a nivel regional e internacional.



Los traslados de las aeronaves correspondientes a los programas Peace Amstel se realizaron con éxito y sin contratiempos. En la última entrega de la segunda fase, una de las aeronaves llegó con su timón de cola decorado con un adhesivo que decía “We did it again”, un guiño simbólico que reflejaba la exitosa repetición de un proceso de transferencia y puesta en servicio que la institución ya había experimentado anteriormente.

Impacto operacional y doctrinario
La combinación de Peace Puma y los programas Peace Amstel tuvo un impacto directo en la estructura de la FACh. El incremento en el número de aeronaves permitió mejorar la cobertura territorial, aumentar la disponibilidad operativa y optimizar la rotación de material y tripulaciones.
Desde una perspectiva doctrinaria, la estandarización en torno al F-16 simplificó los procesos de entrenamiento, mantenimiento y planificación, lo que facilitó la consolidación de procedimientos comunes y una doctrina multirol coherente. La experiencia obtenida con los Block 50 también agilizó la transición hacia los F-16 MLU, reduciendo las curvas de aprendizaje y potenciando sinergias logísticas.

Analizados en conjunto, los programas Peace Puma y Peace Amstel no deben entenderse como iniciativas aisladas, sino como etapas sucesivas de una misma estrategia de modernización en línea con el programa NAC (Nuevo Avión de Combate). Su objetivo fue dotar a la FACh de capacidades de combate creíbles, sostenibles y alineadas con estándares internacionales.

A dos décadas de la llegada del F-16 al país, es evidente que Peace Puma introdujo una capacidad cualitativamente superior, mientras que Peace Amstel permitió su consolidación y expansión, dando forma a una flota homogénea que transformó de manera estructural la aviación de combate nacional. Los efectos de este proceso continúan vigentes hasta hoy, tanto en el ámbito operacional como doctrinario.
Redacción: Matías Carvajal – Simón Blaise O.
Edición: Aero-Naves / Aerofocus
Fotografía de portada: Simón Blaise O. / Aero-Naves


