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    Con impactos limitados, líneas aéreas muestran avances en sostenibilidad

    Haciendo coincidir sus anuncios con la celebración del Tierra, las líneas aéreas continúan dando muestras de sus compromisos con el medioambiente. Sin embargo, a la fecha siguen siendo señales más que simbólica que prácticas, pero que sin duda representan avances respecto a lo que existe hoy.

    Aprovechando las oportunidades a futuro, a principios de abril LATAM Airlines anuncia en Santiago su compromiso por alcanzar en 2030 que al menos el 5% de todas sus operaciones aéreas sean con combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés). La pregona forma parte de la agenda de sostenibilidad que tiene para 2030 y que incluye neutralizar el 50% de CO2 de los vuelos domésticos, entre otras acciones

    Un mes antes, el mayor grupo aeronáutico de Latinoamérica afirma el inicio de las compensaciones de emisiones de las primeras rutas en Chile, Ecuador, Perú, Brasil y Colombia. Las compensaciones en vuelos de pasajeros y de carga se destinarán a apoyar los proyectos de conservación en Sudamérica.

    Siguiendo en la región, Avianca presenta el 22 de abril una alianza para disponer una plataforma de compensación de emisiones de CO2 de sus clientes. En una primera fase, los clientes que vuelen con esta compañía pueden aportar directamente a la compensación de 103 mil hectáreas de bosques tropicales en la selva de Colombia, la energía eólica en Costa Rica o a la conservación de los bosques en Guatemala.

    Avianca dice que sus acciones por el medioambiente no son nuevas. Bajo su estrategia de sostenibilidad, destaca la compensación de 70% de emisiones de CO2 generadas en la operación doméstica colombiana entre 2017 y 2021.

    Fotografía – Avianca

    Aeroméxico no oculta formar parte de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Su estrategia está orientada en mitigar la huella de CO2, disminuir el consumo energético y tener una gestión del manejo de residuos. Como parte de la acción, está la renovación de flota con los Boeing 737 MAX y B787 que reducen entre 17% y 25%, respectivamente, las emisiones en comparación con su flota anterior. Como parte de los progresos en flota y la mayor eficiencia operacional indican que en los últimos 10 años reducen más 107 millones de litros de combustible, mitigando 270.000 toneladas de CO2.

    En los Estados Unidos, American Airlines presenta un plan basado en la ciencia para reducir las emisiones CO2. Establece el objetivo para 2035 de reducir en un 45% los gases de efecto invernadero por cada carga de pago de pasajeros y carga. Además, se compromete a reducir en un 40% las emisiones de la producción de electricidad que compra para 2035.

    Desde Europa, pero con relación con Sudamérica, KLM anuncia el primer vuelo de compensación de CO2 en la ruta a Santiago de todos sus pasajeros. Como en los casos de Avianca o LATAM, la acción va dirigida a apoyar proyectos de reforestación en los que la línea aérea participa desde hace años.

    Al otro lado del mundo, una limitada Cathay Pacific lanza otro plan para que sus clientes puedan comprar SAF en vuelos de pasajeros y de carga. Una iniciativa que también tiene desde Air France – KLM y Lufthansa, entre muchas compañías aéreas.

    Los anuncios mencionados son algunos ejemplos del trabajo que la industria aérea está realizando en favor del medioambiente. Si bien son las acciones son valorables, no son nuevas para un sector que desde hace años viene aprovechando el desarrollo tecnológico para lograr más eficiencia. Si bien la intención puede estar enfocada en objetivos lejos del ámbito estrictamente sostenible, confirma que ambos pueden ir de la mano.

    No hay duda de que las estrategias de sostenibilidad muestran el deseo de progresar de la industria aérea. Sin embargo, se deben entender como respuestas a la mayor presión política que existe a nivel mundial con un tema que se toma la agenda de los Gobiernos.

    Pese a que la aviación apenas contribuye con el 3% de las emisiones medioambientales, es una industria en comparación con otras altamente visible que la hace flanco de ataques, especialmente de grupos de interés. Como respuesta, las acciones están destinadas a conseguir una mayor visualización de que el sector “está aportando”, pese a que su acción es limitada.

    Un ejemplo de lo anterior, son las reducciones de combustibles que son muy reducidas en comparación con la cantidad de vuelos que se realizan diariamente. Aeroméxico, por ejemplo, destaca que en 2021, logra reducir 5,5 millones de litros de combustible, pero no dice que sus operaciones son inferiores (aunque crecientes a un año normal). Lo mismo ocurre con la compra de los SAF que siguen siendo en muy pocas cantidades que apenas sirven para una muy pequeña cantidad de vuelos de una sola flota.

    Como parte del aporte, la intención es forzar a todas las partes involucradas del sistema político a tomar las acciones que les compete. La aviación deja en claro que los esfuerzos por frenar el cambio climático no responden a un solo sector, sino que es el esfuerzo conjunto. En ese sentido, el llamado principal con estas acciones y planes de sostenibilidad es invitar a los Gobiernos que diseñan las políticas públicas, norman las actividades y las fiscalizan. Sin su actuar cualquier movimiento sectorial es limitada.

    En la región, LATAM lo confirma ese llamado. Su CEO, Roberto Alvo, explica que para que los objetivos propuestos se materialicen, se requiere que actores públicos y privados colaboren en su rol para liderar la transición energética.

    Para la industria aérea, ya se pueden dar pasos más concretos que simbólicos. Por ejemplo, está el uso de los SAF que pueden usarse en las aeronaves actuales y reducir el 80% de las emisiones de CO2, sin cambiar motores ni buscar nuevas tecnologías. No obstante, las autoridades continúan autorizando operaciones con una mezcla al 50% con combustible tradicional, pese a que desde hace años se demuestra que este tipo de energía es limpia y segura.

    La primera aproximación hacia una aviación verde sigue limitada, no por la propia industria, sino por la política. Los SAF son caros de adquirir porque su producción es reducida. Si es de alto valor, a las líneas aéreas les favorece seguir comprando el combustible tradicional. Por lo mismo, se pide subsidios y esfuerzos gubernamentales para destrabar su uso, así como políticas públicas que, a la fecha, parecen estar todavía lejos de materializarse.

    Fotografía – United

    Mientras la aviación lleva años dando pasos importantes, aunque simbólicos, algunos Gobiernos recién parecen sumarse a la tarea concreta. Nueva Zelanda y Singapur anuncian recientemente un acuerdo para trabajar en conjunto en políticas de aviación sostenible con regulaciones hacia un desarrollo de la industria, planificación de la infraestructura y otras materias. Son dos países de una cantidad mucho mayor que recién comienza a abordar el tema y, probablemente, su aplicación demore años.

    Fotografía portada – American Airlines (referencial)

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