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    Viajeros en el mundo muestran frustración por restricciones de los Gobiernos y consideran que los cierres de fronteras son innecesarios

    Pese a que existe más información sobre el COVID-19 respecto a los primeros meses de la pandemia, muchos Gobiernos en el mundo continúan colocando restricciones que no tienen efecto alguno para controlar algo que ya es endémico. La falta de homogeneidad en los protocolos entre un país y otro, y medidas que en algunos lugares caen “en lo insólito” revelan que las decisiones políticas predominan por las sanitarias.

    Habitualmente, la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) realiza una encuesta global a los pasajeros para medir algunos indicadores o acontecimientos. En estos meses, el tema central de los estudios está en la pandemia y los efectos que tiene en los viajeros. En la versión de septiembre 2021, los resultados indican que la mayoría de las personas muestra frustración por las continuas restricciones que todavía existen y por otras que los Gobiernos insisten en colocar. Durante septiembre, se entrevistan a más de 4.700 viajeros en 11 de los mayores mercados del mundo quienes indican que es necesario que las autoridades devuelvan la libertad.

    Según el estudio, un 67% de los encuestados considera que las fronteras deben abrirse de manera inmediata lo que representa un alza de 12 puntos porcentuales respecto a un estudio similar aplicado en junio de este año. Del universo encuestado, un 64% considera que todos los cierres de fronteras han sido innecesarios y no sirven para contener el virus, percepción que también aumenta en 11 puntos porcentuales respecto al estudio anterior (junio). Finalmente, un 73% responde que como consecuencia de las medidas restrictivas de los Gobiernos, su calidad de vida empeora.

    “La gente está cada vez más frustrada con las restricciones de viaje de COVID-19 y, como resultado, han visto sufrir aún más su calidad de vida. No ven la necesidad de restricciones de viaje para controlar el virus y se han perdido demasiados momentos familiares, oportunidades de desarrollo personal y prioridades comerciales”, comenta Willie Walsh, director general de IATA. “El mensaje que están enviando a los Gobiernos es: el COVID-19 no va a desaparecer, por lo que debemos establecer una forma de gestionar sus riesgos mientras vivimos y viajamos normalmente”.

    Un caso específico y que se refleja en el estudio guarda relación con las variantes del SARS-CoV-2. Aún países con extensos cierres de fronteras como Australia, Argentina o Chile, por mencionar algunos, no han podido detener la propagación. Pese a que las autoridades imponen políticamente medidas que restringen los viajes y el número de vuelos, el virus continúa llegando porque existen múltiples vías por donde puede hacerlo como parte natural de su evolución.

    Otro punto importante, son las cuarentenas. Los estudios encaminados durante la pandemia indican que el 84% de las personas no considera viajar a un país donde existan cuarentenas o la posibilidad de que sean confinados. Por consiguiente, ningún país podrá ver una reactivación si mantiene políticas asociadas a la cuarentenas o medidas redundantes.

    En América Latina, Chile queda como uno de los países más restrictivos de la región después de que Argentina decidiera dar un giro de 180º en sus medidas de manera imprevista. Si bien el Gobierno de Chile reduce los múltiples requisitos que mantiene por sobre su población, aún con más del 91% de esta completamente vacunada, todavía existen asuntos pendientes que deben ser revisados a la brevedad para no continuar perdiendo competitividad, especialmente en aviación y turismo, que son industrias catalizadoras de empleo y desarrollo económico-social.

    Los pasajeros muestran mayor disposición a las vacunas contra el COVID-19 por interpretar que estas son el mecanismo más rápido para regresar a una normalidad. El 80% de los encuestados señala que las personas completamente vacunadas deben poder viajar libremente en avión y existe una fuerte opinión a condicionar los viajes.

    Al respecto, dos tercios de la muestra indica que es moralmente incorrecto restringir los viajes a sólo quienes están vacunados. Si los Gobiernos decidan adoptar este tipo de medidas discriminatorias, el estudio revela que deberían existir alternativas para quienes no pueden o no quieran vacunarse. Más del 80% de los encuestados cree que las pruebas antes de viajar en avión deberían ser ese tipo de alternativa.

    Si bien el 85% de las personas está dispuesta a someterse a pruebas para viajar, un 75% de ese total considera que el costo de las pruebas para COVID-19 es una barrera significativa para hacerlo. En países como los Estados Unidos o el Perú los intentos por colocar este tipo de restricciones en vuelos domésticos no prosperaron. En el primero, no se llega a colocar, mientras que en el segundo, la medida es removida a los pocos días por afectar la decisión económica de viajar. Cabe recordar que en muchos países, las pruebas PCR son de alto valor y pueden ser incluso superiores a un pasaje aéreo económico.

    El artículo 40 del Reglamento Sanitario Internacional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que las pruebas de salud requeridas por las autoridades para viaje internacionales deben ser asumida por los Gobiernos. En el mundo, casi ningún Gobierno cumple con esta disposición y la obligatoriedad de los testeos han generado un lucrativo negocio para muchos laboratorios que colocan altos valores para las pruebas COVID-19.

    IATA insiste que los Gobiernos deben reconocer las pruebas rápidas de antígenos como alternativa porque son más expeditas para revisar los estados de salud de las personas y tienen un menor valor. Sin embargo, los testeos deben aplicar sólo a personas que no estén vacunadas.

    Las personas también resaltan la confianza del viaje en avión y que este no es un vector de contagio. El 87% cree que las medidas de protección están bien implementadas y un 88% siente que el personal de las líneas aéreas “hace un buen trabajo”. Esta última percepción destaca a pesar de que existen amplias diferencias entre los protocolos entre una compañía aérea y otra. En algunos países, el procesamiento de pasajeros como al embarque y desembarque o el servicio a bordo sigue tan normal como 2019. Finalmente, los pasajeros demuestran todavía un amplio apoyo al uso de mascarillas en vuelo con un 87% de las opiniones a favor.

    La falta de estandarización en los protocolos establecidos por los Gobiernos para contener el COVID-19 han sido una constante durante la pandemia. Prácticamente, las autoridades han hecho caso omiso a este mundo y aquellas que alcanzan acuerdos lo hacen de manera tarde. Por lo mismo, se afirma que muchas de las medidas colocadas tienen un carácter político más que sanitario, especialmente cuando la tasa de vacunación crece y existe más información respecto al SARS-CoV-2.

    Como ejemplo de lo anterior, se puede mencionar nuevamente a Chile. Pese a su alta tasa de vacunación, el país sigue con múltiples y confusas restricciones que amenazan la libertad de las personas. Aún cuando casi la totalidad de la población está vacunada, las autoridades gubernamentales parecieran tener la intención de seguir controlando a la población. Chile parece ser el fantasma que la industria aérea teme: ser un país con una alta tasa de vacunación, pero con una gran cantidad de restricciones.

    A nivel mundial, el 73% de la población encuestada señala que desde junio 2020 les resulta muy difícil entender las reglas de viaje. Un mismo porcentaje considera que es un desafío organizar toda la documentación. Si bien existen pocas esperanzas de lograr una armonización efectiva de las políticas sanitarias para el COVID-19 en el mundo, abordar la posibilidad de reglas comunes y homologar los requisitos de viaje sigue siendo un tema prioritario para la industria de la aviación.

    “Para asegurar la recuperación, los Gobiernos deben simplificar los procesos, restaurar la libertad de viajar y adoptar soluciones digitales para emitir y administrar credenciales de salud para viajes”, señala al respecto el director general de IATA.

    Fotografía portada - Simón Blaise

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