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    Salud insiste con “fronteras protegidas” y administración Piñera pone en riesgo la reactivación de la demanda en Chile

    Con más del 84% de la población completamente vacunada contra el COVID-19, Chile sigue siendo el “anti-ejemplo” y el temor vivo de la industria aérea de ser un país que avanza en vacunación, pero mantiene las restricciones de fronteras. Con una apertura muy limitada y medidas adicionales para los viajeros que discriminan y vulneran los derechos de las personas, el país sudamericano prácticamente sigue encerrado. Quienes califican para salir del país deben someterse al regreso a onerosas cuarentenas o al uso de los polémicos hoteles sanitarios cuyo valor puede exceder el valor del pasaje o incluso del viaje en destinos de cercanías.

    La administración de Sebastián Piñera es la única responsable de limitar la reactivación del país con la mantención del cierre de fronteras. Mientras la propaganda oficial ya habla de recuperación, en el sector de la aviación y del turismo ese escenario todavía ni siquiera se acerca e insisten que la situación actual es insostenible.

    Sólo en la industria aérea chilena, el tráfico internacional de pasajeros mantiene una caída de alrededor 90% y apenas 11 líneas aéreas están operando con frecuencias reducidas en comparación con 2019. LATAM, principal compañía aérea chilena, apenas tiene una reactivación del 30% de su operación internacional desde Chile en comparación con 2019. El impacto en la conectividad es importante con la pérdida de 29 pares de ciudades y el 75% de las frecuencias en 2020. Si bien algunas rutas y frecuencias se reanudan, el proceso puede ir mucho más rápido considerando la capacidad disponible y la demanda, pero que está frenado por las restricciones políticas de la actual administración política.

    De lo anterior hay daños: el cierre de fronteras de Piñera lleva a Chile a perder la conectividad aérea con Oceanía y también con Asia, marcando un retroceso significativo de más de 20 años. Qantas tiene decidido no volver a Santiago, medida que confirma en su último informe financiero. Después de años de trabajo para lograr una operación de Emirates, esta línea aérea también desaparece. La posibilidad de atraer nuevas líneas aéreas es más difícil porque muchas están enfocando su reactivación en mercados abiertos y Chile no lo es por la decisión política.

    La variante “delta” del SARS-CoV-2 sin que es una herramienta jugada para mantener el control del país ante una administración sin capacidad de acción. Más que teorías conspiratorias, la realidad muestra como el gobierno utiliza la mediática variante para justificar la extensión del estado de excepción constitucional en julio, pese a que su “descubrimiento” es un mes antes. Para algunos ya no es asunto sanitario, sino un tema político que cada día se sostiene menos ante la evidencia científica.

    “El crecimiento de casos acumulados a 7 días cada 100 mil habitantes tienen una disminución de 91%. Los fallecimientos a 7 días muestran una disminución del 69%. Los pacientes ingresados a uci a 7 días tienen una disminución del 88%. El 14 de abril ingresaban 243 pacientes diariamente a UCI, actualmente solo 29 personas”, dice el ministro de Salud Enrique Paris, en la conferencia de prensa del 26 de agosto.

    En las calles del país, hay poca o nula preocupación por la variante “delta”. La gente intenta reanuda sus actividades la mayoría presenciales, sean estas sociales o laborales y muestra el cansancio de las medidas sanitarias. Como en otras partes del mundo, la intención es volver normalidad. Prácticamente, la mediática mutación del virus sólo está presente en la comunicación oficial, en la acción del gremio médico -cuyas catastróficas predicciones no llegan a manifestarse- y en los periodistas de televisión.

    Pese al dramatismo que Salud, gremio médico y algunos medios masivos intentan transmitir, la evidencia empírica muestra una realidad distinta. La positividad de la enfermedad sigue bajando a un 1,29% a nivel nacional y la tasa de vacunación aumenta. Chile sigue siendo un país líder mundial en inoculación contra el COVID-19, pero líder en restricciones.

    En el Ministerio de Salud parecen desconocer o no comprender los daños que significa tener fronteras en la situación e insisten con su plan, aún cuando la variante “delta” no será el escenario apocalíptico sino la realidad de una endemia con la que hay que convivir. “(La variante) delta generará un brote menor que los anteriores y sin cuarentenas generales”, sentencia Rafael Araos, asesor del Ministerio de Salud y ex jefe del Departamento de Epidemiología de dicha cartera en diario La Segunda (26/08/2020). Sin embargo, agrega “no tendremos las fronteras relajadas por años”, pero si sugiere cambios (sin fecha) respecto a la situación actual. En un nivel superior, Paula Daza, subsecretaria de Salud Pública sigue la retórica: “Tenemos que mantener la alerta ante la variante delta”.

    En la industria aérea como del turismo se mantienen las críticas hacia el gobierno de Sebastián Piñera por la falta de decisión y la ausencia de una hoja de ruta para reactivar. Mientras el resto de los países avanza con una peor situación de la pandemia, Chile queda rezagado y con pérdidas que no se recuperarán por años, sin mencionar el impacto directo en el empleo y con ello en el sustento de miles de familias. En ese sentido, hay duda respecto a si el actual gobierno realmente tiene una preocupación por la situación país. La experiencia mundial indica que el 84% de los pasajeros no considera un destino donde hay cuarentenas.

    Según la Federación de Turismo (FEDETUR) y agrupaciones regionales del rubro la situación actual de fronteras cerradas (porque en la práctica así lo están) “provoca pérdidas diarias por US$8 millones y representa un freno para la generación de empleos”. Otro golpe y contradicción para el discurso entusiasta oficialista.

    En esa línea, las medidas del gobierno hacen que no exista la demanda suficiente para funcionar, aspecto que se aprecia en la colocación de capacidad aérea, marítima u hotelera, en la habilitación de servicios en aeropuertos y restaurantes, porque el volumen de viajeros chilenos no es suficiente. Como consecuencia y considerando los tiempos de planificación de las personas, hoy la administración Piñera se encuentra ad-portas de comprometer otra temporada alta más lo que representa un enorme impacto económico y social para el país, especialmente en zonas extremas.

    “Seguimos sin comprender por qué la autoridad sólo permite la salida de personas del país (y su posterior regreso), pero no el acceso a visitantes internacionales. A esta altura, consideramos que se debe a una decisión política más que sanitaria, ya que todas las cifras de la pandemia indican que no existe razón para mantener la restricción, menos cuando la industria ha demostrado que tiene protocolos de alta estándar para garantizar la seguridad sanitaria de los turistas”, indica Ricardo Margulis, presidente de FEDETUR en radio Bio-Bio (25/08/2021).

    Daza y la situación en el aeropuerto de Santiago: “está funcionando en forma eficiente”

    Fotografía - Ricardo Montes de Oca

    En un abierto desconocimiento de la realidad, la subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza, señala que de acuerdo con su parecer el aeropuerto de Santiago funciona normalmente en lo que respecta a los controles sanitarios. Sin embargo, nuevamente no se hace cargo de la situación que va en contra de todo lo que profesa el propio Ministerio de Salud con las medidas colocadas.

    “El aeropuerto está funcionando en forma eficiente. Nuestra preocupación es mantener controlada esta variante (“delta”)”, declara en la conferencia de prensa del 26 de agosto. “Por eso hay un control estricto en aeropuertos y fronteras para controlar y testear a todos quienes ingresan”.

    Sus declaraciones intentan dar sentido de normalidad a una situación que no lo es y que tampoco se apega a los lineamientos internacionales en lo que respecta al procesamiento de personas en los aeropuertos, tiempos de espera en los controles y menos en medidas sanitarias con revisiones arbitrarias, redundantes e invasivas. Todo en su conjunto es un reflejo directo de improvisación y de burocracia pública.

    Actualmente, el ingreso a Chile por el aeropuerto de Santiago tiene tres inconvenientes. El primero es la no separación del tráfico de llegada con el de salida, debido a que la autoridad envía a los pasajeros por el mismo nivel de embarque, pese a que el aeropuerto tiene separación de niveles. El segundo aspecto son los excesivos tiempos de espera que pueden llegar hasta las 6 horas, es decir, una persona puede esperar más en el control sanitario que el viaje mismo en avión junto a otras personas en la sala de embarque, sin filtros de aire. Finalmente, está la información confusa y poco clara de las medidas de ingreso a Chile, así como la burocracia en la homologación de las vacunas para chilenos inoculados en el exterior.

    La mezcla de flujos de personas muestra un posible incumplimiento del país de la recomendación internacional. Según el Anexo 9 de Facilitación de Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), cada “Estado contratante, en cooperación con los explotadores de aeropuertos, debería asegurar que las instalaciones y servicios en el edificio terminal estén diseñadas, administradas y organizadas de modo que el público no viajero no obstaculice el movimiento de los pasajeros que llegan y que salen”.

    Respecto a los tiempos de espera, los tiempos estándares de espera en los procesos aeroportuarios según manuales de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) no deben sobrepasar los 25 minutos, siendo el tiempo máximo para un retiro de equipaje. Controles de documentación que por sus características correspondería a la aduana sanitaria no deben superar los 10 minutos para uno del tipo presencial (interacción entre personas). Según la Secretaría Regional Ministerial (SEREMI) de Salud para la Región Metropolitana el tiempo total de llegada (incluyendo el traslado a la residencia o hotel sanitario) es de 2,3 horas, pero sólo mediciones en el aeropuerto de Santiago muestran que los tiempos son en promedio entre 4 a 5 horas.

    Finalmente, los viajeros internacionales que califican para ingresar a Chile cuestionan la excesiva burocracia y la falta de información de parte de la autoridad sanitaria. Critican que las medidas son confusas, difíciles de acceder y están sujetas a errores de interpretación. Uno de los problemas más requeridos está con el documento c19 que sólo puede sacarse con cédula de identidad chilena. También está el problema de la homologación de vacunas por no ser inmediato tal como la autoridad informa.

    La industria aérea insiste que los controles sanitarios deben ser estandarizados, rápidos y eficaces para evitar aglomeraciones innecesarias en los aeropuertos y afecciones a los procesos que realizan los pasajeros para salir o llegar de un país. También enfatizan que los Gobiernos deben proveer una información sencilla y clara para evitar errores de interpretación por parte del viajero.

    Fotografía portada - Ministerio de Salud Chile

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