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    Primer vuelo del Blue Origin marca un hito al iniciar el turismo espacial

    Pese a ser el segundo viaje espacial suborbital para pasajeros no astronautas, Blue Origin marca un hito en la historia aeroespacial al realizar con éxito su primer vuelo de carácter turístico. La misión transmitida en vivo a todo el mundo lleva por 10 minutos a su fundador Jeff Bezos, su hermano Mark, y a dos pasajeros, Oliver Daemen, de 18 años, el primer cliente pago y Wally Funk, de 82 años, primera mujer instructora de vuelo en una base militar de los Estados Unidos.

    A diferencia del vuelo del Virgin Galactic, la misión del Blue Origin con el cohete New Shepard marca el hito del turismo espacial por varios motivos. En primer lugar, logra ascender a una altitud de más de 106.000 metros de la superficie, superior a los cerca de 85.000 alcanzados por la empresa de Sir Richard Branson días antes.

    En segundo término, es el primero en llevar a “varios pasajeros” con diferencias generacionales demostrando que los viajes tripulados por motivos turísticos pueden estar abiertos a todo el mundo. Se espera que con el desarrollo de más viajes, incorporación de tecnologías y capacidades, entre otros factores, la accesibilidad a este medio de transporte crezca en las próximas décadas.

    Finalmente y asociado con lo anterior, la misión del Blue Origin representa un aporte al futuro por probar exitosamente en este tipo de misiones nuevas tecnologías, como el retorno controlado a la tierra de los cohetes, que demuestran seguridad para la misión y otras a futuro. Uno de los aspectos que difiere de la operación de Virgin Galactic es el uso del concepto de cohete como vehículo de transporte en comparación con la propulsión a través de una aeronave más convencional. Independiente de ello, ambos casos representan alternativas viables para aportar al desarrollo de los viajes espaciales.

    A bordo del New Shepard, la primera misión tripulada del Blue Origin coincide con el 52º aniversario de la llegada a la Luna. La operación consiste en un lanzamiento y ascenso de 11 minutos a una aceleración cercana a los 3.700 kilómetros / hora conseguida por la potencia de un motor a base de oxígeno e hidrógeno líquido, cuyo subproducto es el vapor de agua. Al llegar a los 100.000 metros de altura la cápsula tripulada se separa del cohete para continuar su viaje hasta el espacio.

    Por tres a cuatro minutos, los tripulantes de la cápsula desabrochan sus cinturones de seguridad para experimentar la sensación de ingravidez por un periodo de cuatro minutos. La permanencia estacionaria de la cápsula espacial permite admirar la curvatura del planeta Tierra y la oscuridad del universo. A la fecha, se trata de la experiencia de turismo espacial más cercana y que puede ser el punto de partida para futuras misiones.

    El retorno de la cápsula con todos sus tripulantes en perfectas condiciones es prueba de que la tecnología está disponible y funciona. La salida de los hermanos Bezos, así como de Daemen y Funk demuestra que los viajes aéreos espaciales son una realidad que llega para quedarse.

    Si bien el uso del término democratización de los viajes espaciales es utilizado, todavía queda un largo camino por recorrer para hacerlo efectivo. Sin embargo, es un punto de partida para que a medida que la tecnología progrese estas iniciativas y futuras operaciones se amplíe gradualmente a nuevos sectores de la población global Si bien los plazos son variables e indefinidos, pueden ser incluso más reducidos en comparación con el proceso que la aviación comercial conlleva en este tema a nivel global.

    Fotografías - Blue Origin

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