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    Chile reporta pérdida de 29 pares de ciudades y una caída del 75% de las frecuencias aéreas respecto a 2019

    El impacto de la pandemia del COVID-19 y las extensas restricciones impuestas por los Gobiernos -como los cierres de fronteras, por ejemplo- golpean con fuerza en Chile. Un balance realizado por la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) indica que el país reporta una grave afección a la conectividad durante 2020, escenario que no mejora durante 2021 y contrasta con la realidad de muchos países de la región y el mundo que avanzan a un rápido retorno a la normalidad.

    De acuerdo con IATA, Chile dispone en 2019 de una conectividad de 115 pares de ciudades con una cantidad de 5.910 frecuencias. Los números reflejan la expansión de las operaciones de las líneas aéreas como consecuencia de una combinación de factores favorables como una política aeronáutica abierta, libertad de precios y la expansión de las líneas aéreas con nuevos modelos de negocios que impulsan una mejor conectividad, especialmente en tramos secundarios. El impacto económico de ese crecimiento se traduce en 191.000 empleos sustentados por el transporte aéreo y US$7.200 millones de aporte al Producto Interno Bruto (PIB).

    Durante 2020, Chile la conectividad queda en 86 pares de ciudades lo que representa una reducción de 29 enlaces aéreos. Sin embargo, el impacto principal está en las frecuencias con una reducción de 4.414 vuelos que se traduce en una caída de 75%. Al cierre del año quedan 1.496 frecuencias, número que producto del extenso cierre de fronteras y la imposición de cuarentenas a la llegada provoca una drástica caída del tráfico aéreo de pasajeros puede ser menor en la actualidad.

    Como consecuencia, la reducción tiene un impacto económico en 121.500 empleos y una importante disminución de US$4.616 millones en el PIB, lo que se traduce en una caída de 63% y 64%, respectivamente. Actualmente, quedan apenas 69.495 puestos de trabajo sustentados por el transporte aéreo y el aporte, número que puede disminuir aún más si el país continúa con las severas restricciones que posee y un cierre de fronteras que no alienta a una reactivación de las frecuencias y de pares de ciudades.

    En términos de operadores, Chile ya pierde a importantes líneas aéreas como Emirates y Qantas, a la que suma Alitalia pese a que su salida no está relacionada con la pandemia. A nivel nacional, también está la salida de ONE Airlines que se traduce en la pérdida de la única línea aérea de chárter exclusivo. A estas se agregan líneas aéreas que todavía no regresan al país y aquellas que lo han hecho operan con capacidad reducida, principalmente por frecuencias semanales y en algunos casos por material de vuelo o ambos.

    Mientras en la región la mayoría de los países está adoptando un enfoque realista y trabaja hacia una reactivación, siendo los casos más destacados los de México, Colombia y Ecuador, además de Brasil (aunque este último sigue condicionado mayoritariamente por las restricciones que otros países colocan), Chile figura como uno de los más restrictivos en la región junto con Argentina y Trinidad y Tobago, sin contar con una hoja de ruta para reactivar lo que dificulta mucho concretar una planificación.

    Además de la falta de una hoja de ruta, la aviación enfrenta un escenario de alta incertidumbre en el mercado doméstico producto de los constantes e improvisados cambios que se realizan desde el gobierno de Chile con el programa “Paso a Paso” para la situación comunal. Si bien las perspectivas son algo más favorables que en rutas internacionales urge contar con mayores certezas y que se terminen con algunas barreras que se mantienen para impulsar la necesaria reactivación.

    La “hoja de ruta” es más que necesaria porque la activación de las operaciones no se realiza de un día para otro. Las líneas aéreas tienen que volver a activar a las tripulaciones lo que toma tiempo porque hay procesos de habilitación o rehabilitación, se deben revisar los aviones, se tienen que programar los itinerarios que se realizan en función de la demanda. Si los pasajeros no tienen certezas cuesta armar las operaciones y por lo tanto retomar la actividad. Cabe recordar que hasta antes de la pandemia los pasajeros en rutas nacionales planifican sus vuelos con 30 a 60 días de anticipación, mientras que en vuelos internacionales es de más de 90 días dependiendo de los destinos.

    La eventual apertura de fronteras que el gobierno de Piñera daría para los próximos días, siempre y cuando, se cumplan los trascendidos difundidos por un medio de comunicación podría crear un entorno más favorable para el segundo semestre, especialmente hacia el final. Sin embargo, para que se genere una verdadera reactivación debe estar acompañada de la mencionada “hoja de ruta” y de medidas no discriminatorias, además de terminar con restricciones como cuarentenas, hoteles sanitarios de tránsito y los permisos de salida.

    Fotografía portada - Simón Blaise

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