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    Operación en tiempo frío: desafíos para los operadores y tripulaciones

    Cruzamos los meses más fríos del año en el hemisferio sur y las bajas temperaturas, así como la nieve y el hielo, tienen su impacto en las operaciones aéreas. Como todo factor meteorológico, tiene su incidencia en la seguridad del vuelo lo que implica un desafío adicional para los operadores, las tripulaciones de vuelo, el personal terrestre y también los controladores de tránsito aéreo (ATC, por sus siglas en inglés).

    Ante la incidencia en el vuelo, se deben adoptar de manera obligada medidas para reducir los riesgos. Principalmente, están relacionados con procesos para remover y/o prevenir la formación de hielo en las estructuras de las aeronaves y en las pistas en el caso de los aeropuertos.

    El procedimiento más común es el deshielo o como se lo conoce popularmente de-icing, por sus siglas en inglés. Contempla una serie de eventos que requieren la coordinación de la tripulación de vuelo, en conjunto con el ATC y los servicios de tierra. Su importancia está en la amenaza a la seguridad que significa el hielo adherido para los perfiles aerodinámicos de la aeronave (como el ala, por ejemplo) lo que genera una serie de consecuencias negativas como el aumento del peso total de la aeronave, dificultando la sustentación. Incluso, un avión podría no poder despegar a causa de la adherencia de agua en estado sólido en los perfiles.

    Para remover el hielo, se utilizan equipos especiales con líquidos anticongelantes que lo remueven junto con la nieve y la escarcha que se acumula durante las aeronaves estacionadas. La sustancia es una mezcla química aplicada a presión y con altas temperaturas que se aplica sobre las superficies de las aeronaves, especialmente las alas, estabilizadores, tren de aterrizaje y superficies de control. El tiempo total de eficiencia de la mezcla aplicada dependerá netamente del tipo de fluido utilizado y las proporciones en que se utilizó en conjunto con el agua.

    Por su parte, el riesgo también existe en las pistas de aterrizaje y juega un papel inmensamente importante a la hora de la seguridad. Una pista contaminada dificulta la acción de frenado de las aeronaves que operen en ella. Dado lo anterior, personal del aeropuerto debe retirar la totalidad de nieve acumulada, además de aplicar soluciones sobre el asfalto. El problema ocurre cuando en vez de nieve, existe hielo y su remoción puede dañar el pavimento.

    Adicionalmente y posterior al despegue, el desafío por parte de las tripulaciones será evitar la formación de hielo en el fuselaje: se debe tener especial precaución al tener temperaturas bajo 10C si es que existe humedad visible en el ambiente. Bajo parámetros establecidos, las tripulaciones de vuelo harán uso de sistemas de prevención de hielo, que pueden operar de dos formas: de-ice que rompe el hielo o anti-ice que evita su formación. El uso del radar meteorológico será de suma importancia para prevenir que una aeronave cruce por estas condiciones de vuelo.

    Tanto los sistemas de-ice, como anti-ice y radares meteorológicos requieren aprobaciones y procesos de certificación por ser de importancia vital a la hora de volar en estas condiciones meteorológicas. En lo que respecta a regulación aeronáutica, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) publica en agosto de 2009 la normativa sobre este tipo de sistemas, además de aquellos asociados a la protección y mejoras en procedimientos para activar la protección y detección.

    En América, exceptuando los países del Norte como Canadá o los Estados Unidos, las ciudades más extremas de Argentina y Chile son las que realizan habitualmente procedimientos de deshielo durante periodos de baja temperatura o meteorología adversa. En Chile, por ejemplo, ciudades como Punta Arenas tienen operaciones aéreas con temperaturas extremadamente bajas que en julio llega a una media de 1,3ºC. Algo similar ocurre en Balmaceda, cuyo invierno se caracteriza por intensas lluvias y nevadas.

    La aplicación de la totalidad de procedimientos establecidos es de suma importancia, lo que incluye la preparación del personal de tierra como ATC por impacto operacional que trae consigo este tipo de operaciones. De no ser posible cumplir con los protocolos, los aeropuertos tienen la obligación de cerrar lo que se traduce en atrasos, cancelaciones y cambios en los vuelos e itinerarios preestablecidos por los operadores, lo cual genera pérdidas monetarias y experiencias adversas para los usuarios.

    Respecto a accidentes atribuibles a formación de hielo, está el icónico caso del vuelo 4184 de American Eagle que el 31 de octubre de 1994 cubre la ruta Indianápolis – Chicago (ORD). Por demoras en su autorización en el despegue, el ATR 72-200 de la compañía se encuentra con lluvia congelante lo que provoca la caída de la aeronave y la muerte de sus 68 ocupantes. La investigación de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) asegura que la causa está en volar en condiciones de formación de hielo y fuera de sus límites de operación. Otro caso emblemático es el del Boeing 737-200 Adv. de la desaparecida compañía Air Florida que despega del aeropuerto de Washington (DCA) con formación de hielo en sus superficies críticas provocando la caída de la aeronave al río Potomac.

    Actualmente, el manejo del hielo sigue siendo un desafío vigente. Tanto la industria como los operadores buscan sistemas más eficientes y seguros para prevenir y evitar la formación de hielo, para continuar garantizando los más altos estándares de seguridad en cualquier condición de vuelo.

    Fotografía portada - Ricardo Delpiano

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