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    Turbulencia: un misterio no resuelto de la física que no representa peligro

    ¿Puede la turbulencia -realmente- derribar un avión en vuelo? A menudo se habla de la existencia de un porcentaje de la población que evita volar o utilizar el avión como medio de transporte únicamente por el miedo que les genera enfrentar la turbulencia.

    En meteorología, el término turbulencia se refiere al movimiento desordenado, no lineal o constante de las masas de aire presentes en la atmósfera terrestre, cuyas moléculas, en vez de seguir movimientos paralelos, describen trayectorias ondulatorias y forman torbellinos. Para muchos científicos, la turbulencia se perfila como uno de los problemas físicos más difíciles de resolver.

    Existen tres principales tipos de turbulencia basadas en su origen: térmica, mecánica y de cizalladura. La turbulencia térmica o convectiva se refiere al movimiento vertical (ascenso) de las masas de aire cálidas que se elevan a través del aire frío. La turbulencia mecánica corresponde a la interrupción del flujo de aire (inicialmente lineal) por relieve o estructuras sobre la superficie terrestre. Finalmente, la de cizalladura corresponde al encuentro de dos masas de aire que tienen distinta dirección y/o velocidad de flujo, también conocida como turbulencia de aire claro.

    El ingeniero aeronáutico británico, Peter Bradshaw, asegura en 1971 que la turbulencia "es el tipo de fluido en movimiento más común, importante y complicado".

    Encontrar turbulencia en vuelo genera movimientos impredecibles. El hecho que una aeronave encuentre turbulencia durante la ruta es completamente normal y -aunque en algunos casos podría generar incertidumbre a los pasajeros- los departamentos de ingeniería de los fabricantes logran diseños que soportan gran cantidad de movimientos turbulentos en base a la flexibilidad de los materiales utilizados y a la implementación de nuevas tecnologías en las aeronaves.

    A diferencia de otras épocas, las tripulaciones de vuelo tienen herramientas para predecir el movimiento de las masas atmosféricas mediante la lectura de informes meteorológicos. Esto se suma a la información presentada en el radar de la aeronave para detectar una turbulencia asociada a la formación nubosa mediante la detección de humedad en el ambiente. Comúnmente, se podrá consultar al controlador de tránsito aéreo (ATC, por sus siglas en inglés) sobre reportes de turbulencia pronosticadas por otras aeronaves en ruta previo o durante el vuelo.

    Si bien suelen hacer noticia en los medios, las lesiones de pasajeros ocasionadas por las turbulencias son extremadamente poco probables ya que existe una baja tasa de incidentes causados estrictamente por una turbulencia moderada o severa. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés), estima un promedio de 33 lesiones anuales en ese país considerando los últimos 16 años. Según esa estadística y que diariamente 2,6 millones de pasajeros transitan por los aeropuertos estadounidenses, la posibilidad de ocurrencia es extremadamente baja. Sólo en 2017 hubo únicamente 17 casos de un total de 959 millones de pasajeros.

    El estudio anterior arroja como resultado una serie de recomendaciones, además de los protocolos obligatorios previamente establecidos por parte de la FAA y las autoridades aeronáuticas. Estos van desde aspectos tan básicos como prestar atención a las instrucciones de seguridad de la tripulación hasta el uso de dispositivos de seguridad para niños, si son menores de 2 años.

    Por parte de las tripulaciones de vuelo (pilotos), el procedimiento para evitar las zonas en que se prevé un fenómeno de turbulencia es, además del radar, disminuir la velocidad para llegar a la óptima establecida por el fabricante de la aeronave para la penetración de este tipo de masas. De esta manera, se asegura una menor carga estructural. El rol de la tripulación de cabina es fundamental a la hora de la seguridad e inspección del cumplimiento de los protocolos establecidos mundialmente como el uso del cinturón de seguridad, cuyo uso minimiza las posibilidades de lesiones.

    "El análisis de movimientos que no se pueden predecir y la interacción de un número infinito de partículas es muy difícil de modelar. Incluso los recursos tecnológicos más modernos no han logrado resolver los misterios de la turbulencia”, asegura Alasdair Wilkins en el artículo de la revista Ciencia Inversa.

    A pesar de lo anterior y entendiendo la turbulencia como uno de los desafíos más importantes que la física no ha logrado resolver, no existe peligro para los pasajeros. Los años de estudio e investigación por parte de expertos, fabricantes y autoridades aeronáuticas, más el énfasis en la instrucción y capacitación de los procedimientos por parte de las tripulaciones de mando y cabina, garantizan la seguridad durante todo el vuelo. Por consiguiente, viajar es seguro por más desagradables que sean los movimientos.

    Fotografía portada - Simón Blaise

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