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    Alexandre De Juniac, director general de IATA: “¿Son los cierres de fronteras la mejor política de respuesta que tenemos?”

    Un rotundo retroceso y un fracaso del multilateralismo son las conclusiones que se desprenden de la última columna del año de Alexandre De Juniac, director general y CEO de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA). Como si fuera marzo y después de un año de supuestos avances en políticas de acción, la nueva variante del SARS-CoV-2 impacta nueva y negativamente a la industria de la aviación amenazando a millones de empleos en todo el mundo y limitando las oportunidades de una necesaria reactivación económica.

    “Después de un año de COVID-19, ¿son los cierres de fronteras la mejor política de respuesta que tenemos?” Así titula su último comentario y muestra la frustración de un sector clave para el funcionamiento del mundo moderno, no por ser parte de la pandemia, sino por la capacidad de rápida adaptación y con establecimientos de protocolos desde un comienzo para garantizar la seguridad de los viajes, la prioridad número uno de la industria.

    Ni siquiera el trabajo con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) y la propia IATA da frutos, porque los Gobiernos siguen adoptando políticas multilaterales. “Es frustrante ver a los Gobiernos reaccionar de la misma manera al COVID-19 como lo hicieron a principios de año, con cierres fronterizos mal coordinados y comunicados. ¿Han evolucionado tan poco las opciones de la caja de herramientas de las políticas?”, sentencia.

    De Juniac lamenta el cierre de fronteras y la paralización del transporte aéreo mundial, pero lo entiende considerando que en marzo todo era nuevo, desde el virus hasta las incipientes políticas. Revela que hoy cuesta su comprensión después de meses de investigaciones, coordinaciones e incluso, después de que la propia OMS señala que los virus no se pueden controlar sólo con el cierre de las fronteras como algunos sectores sugieren.

    En conjunto con distintas organizaciones de salud mundial, la aviación respalda que un sistema eficaz de rastreo y aislamiento de casos es la mejor manera de abordar el COVID-19. Por lo mismo, se adoptan las pruebas PCR negativas como requisito para el ingreso de los países y establecer una serie de capas de control de bioseguridad como alternativas a las cuarentenas y a los cierres de fronteras. Algunos países las adoptan y demuestran que pueden convivir con el virus en una realidad que el mundo debe asumir desde ya como parte de las nuevas amenazas al sistema internacional tal como lo es el terrorismo, el crimen organizado o los atentados cibernéticos.

    Como menciona el director general de IATA, la pandemia del COVID-19 es un fracaso completo del multilateralismo y revela una todavía escasa injerencia efectiva de los organismos internacionales más allá de las declaraciones y anuncios que puedan dar. Una situación que tampoco es nueva y que el mundo la aprecia con los últimos conflictos internacionales, siendo un desafío adicional para el sistema internacional.

    La situación interna de los países condiciona gran parte el actuar de los Gobiernos, especialmente cuando las autoridades y clase política enfrentan bajas aprobaciones por parte de sus ciudadanos que los lleva a adoptar decisiones en sus intentos para “agradar a la masa” o perpetuarse en el poder, pero sin medir mucho las consecuencias. Hoy, los nuevos cierres de fronteras -o los pedidos de ciertos sectores para ello-, y la imposición de cuarentenas obligatorias terminan así con la esperanza de muchos sectores de los países que confiaban en las Fiestas de fin de año y en algunos casos en la temporada alta de verano (como en algunos países del hemisferio sur) para intentar conseguir algo de reactivación ante la mayor crisis económica de los últimos 100 años. En algunos casos, terminan también con sus necesarios y legítimos sustentos para vivir.

    “Estas políticas de mazo no son ni económica ni humanamente sostenibles”, puntualiza De Juniac. “El costo económico del COVID-19 ha sido significativo en casi todos los sectores, pero ninguno más que los viajes y el turismo. De los 88 millones de personas cuyos medios de vida se sustentan de la aviación, más de la mitad han perdido o corren el riesgo inminente de perder puestos de trabajo”.

    La aviación y el turismo son industrias catalizadoras del empleo y de las economías de los países. El transporte aéreo es clave para la conectividad de los países, más todavía cuando la logística de las vacunas contra el COVID-19 exige enlaces rápidos y eficientes para asegurar las entregas a los países. Contrario al conocimiento popular, las vacunas no se mueven en aviones cargueros. Como cualquier mercancía, va en los bellies (bodegas de aviones de pasajeros). Por ejemplo, un container, puede transportar casi un millón de vacunas. Si la conectividad aérea se limita, se reduce la probabilidad de llevar la solución a la pandemia a miles de personas en el resto del mundo. La imposición de restricciones infiere la falta de visión de las autoridades y de las políticas reaccionarias que se adoptan.

    “La solución de gestión de riesgos inmediata son las pruebas sistemáticas. Podríamos reconectar el mundo con seguridad hoy si los Gobiernos actuaran más rápido en esta opción”, agrega el directivo de la Asociación que representa a las líneas aéreas del mundo responsables del 82% del tráfico de pasajeros global. “Los componentes básicos están en su lugar para reabrir las fronteras de manera segura para que las personas se vuelvan a conectar y para que las economías se reconstruyan. Ahora, necesitamos decisiones políticas que permitan su implementación”.

    Fotografía – Simón Blaise

    Las proyecciones de recuperación están más lejos hoy que hace un mes y desde ya prolongarán la crisis. Según datos de IATA, los niveles de tráfico de pasajeros en el mundo están al 30% respecto 2019. Datos similares son los que aporta Cirium al indicar que la demanda mantiene caída del 67% respecto a 2019, es decir, muestra un retroceso a 1999, mientras que al menos un 30% de las flotas de aeronaves comerciales está aún detenida lo que no significa que los equipos activos lo hagan a plena capacidad.

    Con el desafío de reactivar la conectividad del mundo, IATA señala concentrará aún sus esfuerzos en generar una conversación con los Gobiernos para ver respuestas más efectivas y evitar los riesgos de nuevos encierros y de la imposición de un sistema de restricciones que amenazan derechos básicos como la libertad de viajar y de conectarnos con otros.

    Fotografía portada – IATA

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