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    Pasajes más caros, confusión y riesgos a la democratización de los viajes aéreos advierte proyecto de ley que permite endosos

    Vuelos con menos pasajeros, pasajes más caros y, por consiguiente, menor democracia en el transporte aéreo, pareciera ser el objetivo de los parlamentarios en Chile, luego de que por 129 votos a favor y tres abstenciones, la Cámara de Diputados aprueba en general el proyecto de ley que permite el endoso de pasajes aéreos a un tercero. Para revisar las indicaciones, la iniciativa regresa a la Comisión de Transportes antes de que sea nuevamente votada.

    De acuerdo con los avances, el proyecto estaría garantizando a un pasajero la posibilidad de transferir, de manera libre y sin costo alguno, el pasaje emitido. Dicha transferencia debería ser informada a la línea aérea 48 horas antes de la hora/fecha de salida del vuelo. En el caso de que se apruebe, el endoso será a través de los mecanismos que el operador establezca, siempre que sea simple, expedito y suficiente para dejar constancia de la voluntad de quien endosa y los datos de identidad y contacto del posible beneficiario.

    La iniciativa establece que el endoso del pasaje aéreo es válido sólo para personas naturales, permitiéndose que se de una transferencia de este, pero pueden darse opciones de mayor flexibilidad. Además, en un año calendario sólo se podrán efectuar hasta tres pasajes aéreos diferentes con cada operador.

    Si se convierte en ley, el pasajero también podría poner fin al contrato del contrato (cancelación del viaje) de manera unilateral en un plazo de 48 horas previas al horario de salida del vuelo. En ese caso, si el precio del pasaje se cubre de manera total o parcial con un crédito otorgado al consumidor por el proveedor o por un tercero, previo acuerdo, la retractación disolvería dicho crédito. Si hay costos contemplados, pasan a cargo del usuario cuando el crédito es otorgado por un tercero. En el caso de que el consumidor ejerza ese derecho, el proveedor está obligado a devolverle las sumas abonadas, descontando un 20% por un concepto de multa, sin retención de gastos, en un plazo máximo de 45 días hábiles contados desde la solicitud.

    El proyecto se presenta este año incurriendo en errores conceptuales, de tiempo y por estar basado en legislaciones que no han prosperado. De hecho, la industria de la aviación considera que este tipo de prácticas no se aplican en el mundo. En ese contexto, la legislación parlamentaria chilena incurre en un profundo desconocimiento del funcionamiento del transporte aéreo. La situación preocupa considerando que Chile es un país que se caracteriza por su libertad tarifaria y por brindar las mayores facilidades para promover una democratización de los cielos, principalmente a través del precio.

    Un punto cuestionable y a la vez preocupante es el desconocimiento de términos que se aplica como su temporalidad. Se confunde un endoso con un cambio de nombre, este último ya disponible en muchos servicios complementarios de las compañías aéreas. El endoso está asociada al billete físico que no existe desde hace más de una década.

    Proyectos parlamentarios anteriores han intentado colocar la práctica del endoso al considerar que los pasajes podrían ser traspasados libremente por su titular a un tercero a través de la designación en el dorso del billete certificado ante notario o por el personal de la compañía aérea en caso de que se efectúe de manera presencial en las oficinas de atención al cliente, ambos impracticables en la actualidad. Otro proyecto anterior, pretendía que el pasajero tuviese derecho a transferir libremente el billete de pasaje emitido a su orden, mediante el endoso del mismo estampado en su dorso o en una hoja de prolongación adherida a él.

    Actualmente, todos los pasajes aéreos son electrónicos y están identificados por un código QR que no requiere una copia física. La hoja que opcionalmente el pasajero puede o no imprimir es simplemente una copia de lo que está en el sistema.

    Uno de los aspectos que genera preocupación es que al permitir el endose, aumenten los riesgos de seguridad. Desde la industria advierten que cualquier podría hackear un correo electrónico y endosar un pasaje a otra persona. Además, se abre la posibilidad de fraude, ya que cualquier persona puede comprar pasajes a precios reducidos para luego revenderlos a valores por encima del mercado, especialmente ante fechas claves, generando un comercio inescrupuloso.

    La propuesta que avanza en el Congreso, se indica que el endoso no podrá, en ningún caso, efectuarse con lucro bajo una actividad comercial o en forma habitual. Sin embargo, la falta de un control efectivo deja abierta esa posibilidad ante una vulneración de los sistemas, punto menor considerando los últimos incidentes cibernéticos que se reportan en el país y el mundo.

    Otro aspecto incierto es como funcionaría el sistema con cambios de fecha o cuando se trata de clases tarifarias. Además, está como impedir la probable reventa de pasajes, especialmente en fechas claves.

    Fotografía – Simón Blaise

    Con la posibilidad de efectuar un cambio de nombre en las líneas aéreas chilenas, el proyecto en sí no añade valor. Por el contrario, representa una barrera para el desarrollo libre de la actividad que promueve la competencia y libertad de elección de los usuarios tanto por precio como por servicios.

    El debate parece obviar el funcionamiento de las prácticas comerciales de mercado. Mientras más barato el precio de un producto menos son los beneficios y más las restricciones. La razón responde a una lógica económica básica que muestra la mayor disposición a pagar cuando más se demanda o una mayor flexibilidad frente a un determinado bien o servicio. Uno de los aspectos que llaman la atención es la imposición por ley de igualar servicios lo que reduce la competencia, afectando los precios.

    Si bien el Parlamento justifica su actuar en base al bien común, la falta de información por desconocimiento u omisión puede llevar imponer derechos por ley sin generar beneficios. El establecimiento de un endoso, por ejemplo, advierte que los costos serán cargados al pasajero y afectaría la libertad de viaje, dejándola a quienes más puedan pagar.

    Desde su presentación, se advierte un incremento de los costos afectando principalmente a los usuarios que dispondrán de boletos más caros. De esta manera, sectores de la población de menores recursos que son los más favorecidos con los bajos precios del viaje en avión serían los más perjudicados, así como aquellos que viven en zonas extremas del país y que dependen del transporte aéreo como herramienta de conectividad.

    Como existen precios más altos, se advierte una reducción en la cantidad de pasajeros. Ante esa realizar hay menores estímulos para aumentar la capacidad, sea en frecuencias como en material de vuelo, por consiguiente disminuye la oferta, dificultando la democratización del viaje aéreo y el desarrollo de rutas, especialmente las que son menos rentables o conectan localidades más aisladas. El alza en el valor de los pasajes aéreos lógico dado que se busca generar compensaciones a las pérdidas y gastos que la ley obligue a incurrir, considerando nuevos niveles de seguridad, capacitación y protocolos.

    Las consecuencias no sólo están directamente a los usuarios, sino también al propio Estado que vería pérdidas de ingresos. Cabe mencionar que parte de la recaudación pública en aviación se realiza por tasas de embarque y los ingresos que traspasan los concesionarios de aeropuertos al fisco en parte por pasajero embarcado. Por consiguiente, al existir menos pasajeros en el sistema hay una menor recaudación afectando las necesarias finanzas fiscales, especialmente en periodos de crisis. En ese sentido, la aviación disminuye su rol catalizador económico.

    La oferta aérea, comercialización e ingresos por este concepto, son temas altamente complejos en la aviación. Si bien prácticamente todas las líneas aéreas se rigen por un funcionamiento similar (revenue management), su nivel aumenta a medida que existen múltiples modelos de negocios. Por lo tanto, la no comprensión por parte del usuario común se considera como entendible y, por lo mismo, la industria viene avanzando en los últimos años en crear prácticas que simplifiquen el viaje a medida que aumenta la accesibilidad al vuelo.

    Producto de políticas claras que incluyen la libertad tarifaria, Chile es el país que más tiene pasajeros per cápita en toda América Latina y el Caribe, hecho que por más de 40 años ha sido respetado y mantenido por distintos Gobiernos en una verdadera política de Estado. En ese contexto, la creación de trabas no representa beneficios para los pasajeros y menos para el sistema aeronáutico que se alimenta de la mayor cantidad de personas viajando. En ese sentido, también se percibe afecciones al propio Estado que, a través de tasas y cantidad de personas embarcadas se beneficia con ingresos para sus arcas.

    Por la introducción de nuevos modelos de negocios de las líneas aéreas, los precios promedios de los pasajes por trayecto en Chile disminuyen hasta en un 40%. La reducción de los precios está en sintonía directa con la democratización del transporte aéreo que se refleja en los crecimientos sostenidos a doble digito en la última década, exceptuando el presente año. Los mercados domésticos son donde más se manifiestan los beneficios y es la reducción tarifaria la que impulsa el aumento de la cantidad de pasajeros en los aviones.

    Las regulaciones excesivas e independientes representan una barrera para el desarrollo de la aviación y, por consiguiente, para brindar más oportunidades de crecimiento económico y social en los países. Para entregar soluciones, y reconociendo la importancia de los derechos del consumidor, la propuesta es un mecanismo global y homogéneo, además de considerar factores externos a la acción de las líneas aéreas como la falta de infraestructura y equipamiento aeroportuario o la gestión del tráfico aéreo.

    “No queremos que genere incentivos contrarios”, señala el ministro de Economía, Fomento y Turismo, Lucas Palacios, al ser consultado sobre el tema. “Las ofertas han favorecido a que miles de personas puedan viajar por el país. Hay que tener cuidado con las leyes para que los incentivos queden contrapuestos a lo que se está buscando. Esta es una industria competitiva y que tiene que mantenerse competitiva. Cualquier incentivo contrario a eso, no cumple el objetivo”.

    Fotografía portada – Alfredo Vera

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