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    Portugal amenaza con nacionalizar TAP si accionistas privados no aceptan condiciones de rescate

    Con el fin de evitar cualquier mayor afección a la actual en la principal línea aérea del país, el Gobierno de Portugal decide nacionalizar TAP Portugal. La acción política llega tras el fracaso de las negociaciones para otorgar un préstamo por €1.200 millones destinado a ayudar a la línea aérea ante la crisis que impone el COVID-19.

    Actualmente, TAP Portugal se encuentra participada en un 45% por Atlantic Gateway, encabezada por David Neeleman, fundador de JetBlue y Azul, y el empresario local Humberto Pedrosa. Un 50% está en manos del Estado de Portugal y el restante 5% en los trabajadores de la compañía. No está claro si la nacionalización de la empresa considera la salida completa del capital privado, una reducción de su participación o una administración más directa desde el Estado. Por el momento, la idea de nacionalizar puede se puede considerar como una especie de ultimátum para que las negociaciones lleguen a buen puerto.

    “TAP es demasiado importante como para que el país pudiera permitirse el lujo de perder la compañía”, dice Pedro Nuno Santos, ministros de Infraestructuras de Portugal. “Si los accionistas privados no aceptan las condiciones del Estado portugués, tenemos que intervenir en la empresa, nacionalizar”.

    Con una herencia país que ninguna otra compañía local posee y por ser la línea aérea que más conectividad entrega a Portugal, especialmente con su proceso de expansión detenido por la crisis del COVID-19, el Gobierno dice estar preparado para todo para evitar un “desastre económico y social” en el caso de que TAP desaparezca.

    La autoridad señala que la compañía aérea posee una importancia por el aporte que hace al país en materia de turismo y por la compra de €1.300 millones a proveedores nacionales, además de aportar al fisco más de €300 millones.

    A principios de junio, la Comisión Europea da la autorización para que el Gobierno de Portugal entregue ayudas económicas a TAP por €1.200 millones para cubrir las necesidades inmediatas de liquidez y asegurar la continuidad de la compañía. Sin embargo, establece una serie de condiciones para una “inmediata reestructuración”, mecanismo que no está siendo aceptado por los accionistas privados.

    A diferencia de otras ayudas, la Unión Europea no utiliza el marco temporal establecido durante la pandemia para flexibilizar posibles aportes de los Estados a las empresas afectadas por la crisis. En ese sentido, los aportes a TAP busca resolver problemas financieros anteriores para lo cual condiciona el rescate a una reestructuración “urgente” en un plazo no superior a seis meses.

    Lo anterior, no estaría siendo aceptado por los accionistas privados, especialmente David Neeleman. Su socio Humberto Pedrosa se mantiene en una posición más neutral, por tener distintos negocios relacionados con el transporte en el área de Oporto, según consigna prensa local. Además, la administración política muestra cierta disconformidad con la inclusión de Antonoaldo Neves, hombre de confianza de Neeleman, aumentando las tensiones.

    Hasta antes de la crisis del COVID-19, TAP viene desarrollando un programa de expansión con objeto de convertir a Lisboa en una nueva puerta de entrada a Europa. En función de ese objetivo, la línea aérea sustenta su crecimiento en los mercados de Brasil y Norteamérica, así como en los mercados V.F.R. (Visit Friends & Relatives) y pasajeros más sensibles al precio.

    En los Estados Unidos, en 2019 inaugura servicios hacia San Francisco y Washington DC (IAD) y este año consideraba abrir vuelos a Los Ángeles y Atlanta. La compañía ya vuela a Boston, Nueva York (EWR y JFK), Miami y recientemente, Chicago (ORD), además de Toronto. No se descarta que otras nuevas ciudades se sumen a la red como Montreal, ya mencionada en los planes de la línea aérea.

    TAP viene sustentando la expansión apostando por la nueva flota como los Airbus A321LR para rutas medias y los A330-900, cuyas prestaciones y eficiencias abren oportunidades. Aprovechando esta flota, el plan de crecimiento considera ampliar presencia en Sudamérica, pese a que la experiencia en Colombia y Panamá no fue exitosa, y Venezuela, con su situación totalmente adversa, no permite muchas proyecciones. Buscando disputar mercado a Iberia, TAP considera ingresar en mercados más allá de Brasil, con Argentina como uno de los primeros países.

    El inicio de nuevas rutas, las dificultades económicas arrastradas están generando pérdidas a la principal línea aérea portuguesa, las que se agravan significativamente con la crisis del COVID-19 y la falta de liquidez por las restricciones a la movilidad y cierre de fronteras establecidas unilateralmente por los Gobiernos. La crisis económica en distintos países, agravadas por la pandemia y la imposición de una “inmediata reestructuración” como condición para obtener ayudas sugiere que todos los planes debieran quedar sin efecto, revisados o al menos pospuestos hasta nuevo aviso.

    Fotografía portada – Gustavo Martínez

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