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    Líneas aéreas enfrentan a nuevo dilema: optimizar el uso de interiores y proveer un distanciamiento social

    En un escenario cada vez más inminente, las líneas aéreas del mundo se preparan para la recuperación gradual de sus operaciones después de los tres meses de fuertes restricciones de los Gobiernos. Si bien el regreso se mira con una cierta esperanza frente al colapso financiero del sector, la industria advierte que será un proceso “altamente complejo y desafiante” por la diferencia de escenarios locales y nuevas disposiciones.

    Uno de los dilemas que emergen en las líneas aéreas es cómo atender las recomendaciones o directrices asociadas a un distanciamiento social (señalado como medida para disminuir las probabilidades de contagio por COVID-19) y recuperar los niveles de ocupación, en función de obtener la máxima rentabilidad del avión. Con los indicadores más bajos de la historia, proveer distanciamiento no es complicado dado que es fácil acomodar a las pocas personas que abordan un avión. Tampoco representa mayor problema, considerando que los operadores no esperan grandes cantidades de pasajeros.

    Delta, por ejemplo, es una de las primeras líneas aéreas en publicar medidas en la asignación de asientos. Hasta junio, la compañía con sede en Atlanta bloquea los asientos del medio para proveer distanciamiento social a bordo. Otros ejemplos, también se pueden encontrar en otras compañías. Sin embargo, todos los operadores saben que eso no es sostenible económicamente en el tiempo y si lo es implicaría un alza importante en los costos de boletos aéreos, afectando muchos modelos de negocios que apuestan a la masificación y democratización del transporte aéreo.

    Frente ello, uno de las decisiones que deberán tomar las líneas aéreas en conjunto con sus proveedores y también con las autoridades es como llenar con sus aviones sin que exista riesgos o percepción de riesgos para la población. A diferencia de otros medios de transporte, los aviones son menos riesgosos por los filtros que disponen los cuales reciclan el aire a bordo cada tres minutos y eliminan el 99,99% de los gérmenes. Pero su efectividad puede verse reducida si una persona contagiada se encuentra a bordo al lado de otro pasajero.

    Para evitar esa situación, lo lógico es pensar en medidas y controles preventivos, labor que debe ser realizada por las autoridades sanitarias, de control y también aeronáuticas. No es responsabilidad de las líneas aéreas asumir esas tareas. Si alguna adopta medidas de este tipo previo al embarque debe ser entendida como voluntaria y complementaria, como ocurre con Emirates con la aplicación algunos test de COVID-19 a pasajeros de ciertos vuelos en coordinación de la autoridad sanitaria de Dubái.

    Aun cuando exista voluntad y acción de parte de las autoridades, aeropuertos y líneas aéreas, no es posible asegurar una efectividad homogénea. Diferencias en protocolos entre los países, distintas realidades en cuanto a recursos y diferencias o falta de cooperación entre organismos públicos, son parte de la realidad tanto en Chile como en el resto del mundo.

    Como se menciona, la separación voluntaria de los pasajeros a bordo no es sostenible económicamente en el tiempo, menos con un sector en un colapso generalizado. Si se establece como mandatorio implica imponer compensaciones, las que probablemente estén a cargo del pasajero. Si desea mantener distancia del otro deberá pagar más, tal como se hace en los asientos preferentes.

    Una de las características de la industria de la aviación es su rápida capacidad para reinventarse y adaptarse a los distintos escenarios. La creación de nuevos modelos de negocios son un ejemplo de ello. Tomando ese principio, algunas soluciones tentativas aparecen a corto plazo para proveer una especie de distanciamiento social a bordo sin que necesariamente implique una penalización monetaria para el usuario.

    Tomando la experiencia adoptada por los diseñadores y fabricantes de asientos para First y Business Class, la colocación de mamparas divisoras ajustables en Economy podría ser una posible solución aplicable a corto plazo. Lo mismo puede ocurrir al momento de revisar las configuraciones interiores, aunque ello implicaría un proceso más lento de implementación.

    En ambos casos, las compañías aéreas llevan años aplicando este tipo de soluciones, más asociado a un producto de lujo que a un elemento preventivo de salud pública. Como ejemplos están las suites en clases Premium o los asientos intercalados en cabina como ya se aplican en algunas clases Premium como las de Air Astana, American Airlines, Austrian, Delta, JetBlue (Mint), United (Polaris), por mencionar algunas.

    La instalación de nuevos tipos de asientos o reconfiguración de aviones impactará en la experiencia a bordo y no necesariamente implica soluciones definitivas contra la enfermedad, sólo mitigaciones. Si se colocan paneles divisores o nuevas disposiciones de asientos deben ser minuciosamente estudiadas en su viabilidad económica por parte del operador y debidamente validadas por las autoridades aeronáuticas en función de garantizar la seguridad del vuelo. Tampoco son procesos inmediatos.

    Lo más inmediato -que no implica alteraciones-, es buscar compensaciones económicas para dejar libre el asiento del medio. Mediante el uso de ancillary o la aplicación de tarifas altas se puede proveer ese distanciamiento, tal como ocurre en los productos Business intra-europeos o en algunos intermedios como los de LATAM (Premium Economy), Azul o Economy Skycouch de Air New Zealand. Sin embargo, su aplicación obliga a un alza de los pasajes que dejaría excluida a muchas personas que hoy están optando por el viaje en avión Las consecuencias de esta política tendría impactos para otros sectores económicos: menos pasajeros volando son menores personas haciendo turismo, negocios y, por consiguiente, menos fuentes de trabajo.

    Fotografía: LATAM (a modo de referencia)

    Apostando siempre por una masificación de la industria, las compañías de bajo costo y tarifas bajas (LCC, por sus siglas en inglés) serían en ese sentido las más afectadas. Si bien la separación de personas puede ser un ancillary adicional con el cual obtener recursos, a simple análisis no se visualiza que esto logre los niveles adecuados para compensar la venta de un asiento. Si el distanciamiento se vuelve una obligación, las mamparas divisoras podría ser quizás la opción más conveniente.

    El dilema de la configuración y ocupación que se les presenta a las compañías aéreas no discrimina por tipo de avión, más allá de la percepción que pueda tener la población. Sean de un solo como de dos pasillos, todas las aeronaves necesitan comercializar los espacios para realizar una operación financieramente equilibrada. La construcción de equipos altamente eficientes tampoco brinda soluciones, ya que a medida que existan más ahorros mayores son las posibilidades de aumentar ingresos, sin mencionar que una solución de estas características está a décadas de ser realidad.

    En medio de este escenario, la incertidumbre es la que impide implementar una planificación efectiva a corto, medio o largo plazo. Si se logra controlar el contagio y mitigar la enfermedad en el corto plazo probablemente no sea necesario colocar nuevas medidas, pero en caso contrario quizás si sea conveniente pensar en nuevas inversiones sean temporales o permanentes. Como todo el mundo, la industria aérea espera que la ciencia médica pueda desarrollar una vacuna u otra medida paliativa para el combate de la enfermedad, fundamental para dar certezas, terminar con la crisis y comenzar con la recuperación.

    Fotografía portada – Ricardo J. Delpiano

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