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    Aerocardal suspende su ruta a Vallenar y vuelve a colocar en duda la viabilidad de una aviación regional en Chile

    Luego de operar en forma ininterrumpida por poco más de dos años, Aerocardal suspenderá el próximo 28 de octubre la ruta entre Santiago y Vallenar, poniendo fin a su único servicio comercial de carácter regular.

    El cierre de la ruta guarda directa relación con la caída en el tráfico corporativo hacia el Valle del Huasco debido al término de proyectos como Agrosuper (Freirina), Central Castilla, Pascua Lama entre otros, cuya demanda de traslado de trabajadores y ejecutivos sustentaban la operación.

    La paralización de dichos proyectos representó una caída en la demanda desde el 87% al 40%, haciendo inviable la operación. Durante las últimas semanas, la compañía intentó sumar nuevos pasajeros a la ruta bajando las tarifas y lanzando ofertas para sus vuelos de menor demanda, con el objetivo de realizar aportes marginales a la rentabilidad de la operación, pero que no lograron paliar el descenso del componente principal del pasaje en esa ruta.

    Aerocardal comenzó sus servicios entre Santiago y Vallenar el 16 de agosto de 2011 con dos frecuencias semanales los días lunes y viernes. Respondiendo a las necesidades de la demanda sumó una tercera frecuencia los días miércoles para sumar posteriormente dos vuelos adicionales los lunes y viernes, totalizando así cinco frecuencias semanales en su máximo apogeo. Para sus operaciones, la empresa adquirió dos Dornier Do328 con capacidad para 31 pasajeros.

    Desde sus inicios, la ruta estuvo ligada al tráfico Premium (corporativo), un tipo de pasajero dispuesto a pagar una tarifa alta para llegar en forma rápida, segura y directa a su lugar de trabajo. En los dos años de operación, Aerocardal volcó su experiencia como transportador aéreo ejecutivo y de FBO de excelencia, para ofrecer un producto de alta calidad a sus pasajeros y clientes, tanto en tierra como a bordo de sus aviones.

    La ruta Santiago – Vallenar se la consideraba como el ensayo para el futuro establecimiento de otros servicios similares en el país, especialmente hacia aquellas localidades que necesitan un transporte aéreo confiable, siempre y cuando, exista la cantidad suficiente de pasajeros dispuestos a pagar por este tipo de servicios y la capacidad que tenga la compañía para competir con el resto de los actores del mercado.

    Fotografía Ricardo J. Delpiano

    Viabilidad futura de una aviación regional y vuelos específicos en Chile

    El fin de las operaciones por parte de la empresa vuelve a poner en duda la viabilidad de una aviación regional en Chile bajo las actuales condiciones geográficas, demográficas y económicas, y plantea además, desafíos interesante como país si se quiere desarrollar en el futuro servicio aéreos de estas características.

    A nivel masivo, existe la creencia que la operación con aviones bajo las 90 plazas es ideal para atender mercados pequeños en prácticamente cualquier lugar o en aquellas zonas no atendidas por otros operadores. Sin embargo, debido a la escasa cantidad de asientos de los aviones regionales (bajo las 90 plazas), el operador aéreo que utiliza este tipo de aeronaves posee menos oportunidades para cubrir los costos, lo que obliga a venderlos a un mayor precio, con un menor margen para ofrecer promociones o precios más bajos. En caso contrario, la operación se hace inviable al poco tiempo.

    Bajo este escenario, la operación de vuelos alimentadores o regionales en Chile, queda relegada sólo a un segmento específico de la población dispuesta a pagar una tarifa alta por el servicio, principalmente un tráfico corporativo o Premium. En el caso de Aerocardal, el sustento lo proveía el tráfico minero y de las empresas instaladas en el Valle del Huasco.

    En el Chile actual, existen tres factores que impiden un desarrollo de una aviación regional: el una distribución demográfica concentrada en la zona central del Chile (principalmente Santiago y alrededores), una concentración económica en la misma zona y la existencia de medios de transporte alternativos (buena infraestructura vial) en rutas de menos 500 Km. donde el avión carece de competencia sin que exista una demanda que justifique una operación.

    Lo anterior, relega este tipo de servicios aéreos sólo a demandas específicas, tal como sucede por ejemplo el caso de la ruta a Vallenar con la industria minera.

    En el escenario actual, el auge de sectores específicos –como la minería- está creando oportunidades para el establecimiento de nuevas operaciones aéreas en el país, pero con una excesiva dependencia. En ese sentido, la viabilidad de servicios aéreos regionales o los vuelos chárter (minería), va a depender del éxito o fracaso de los distintos proyectos y sin una demanda alternativa, constituye una operación con un cierto riesgo.

    Por lo mismo, Aerocardal ya estudiaba fórmulas alternativas para encontrar nuevos mercados, entre los cuales estaban un turismo de alto nivel (segmento lujo) y la continuación de tráficos corporativos, segmentos en los que la empresa puede volcar su experiencia como FBO.

    En esa misma línea, los operadores que incurran en servicios similares para atender demandas específicas, poseen el desafío de buscar fórmulas alternativas que les permitan crear “defensas” ante cualquier inconveniente en el futuro, especialmente con un sector cuyos proyectos son altamente sensibles al impacto social –y por ende político-. Lo sucedido con Freirina, Pascua Lama, Central Castilla, son un ejemplo de ello.

    Desafíos políticos

    Hacia el futuro, el desarrollo de una aviación regional o la demanda de más vuelos específicos en el país van a depender del crecimiento económico que Chile logre conseguir en los años venideros y de cómo éste se logre distribuir a lo largo del país, siendo un desafío permanente para la clase política chilena. Mientras no existan cambios significativos que generen condiciones necesarias para el establecimiento de nuevos servicios aéreos hacia otras zonas del país, los vuelos regionales o específicos van a continuar estando dependientes de un solo sector, sea minero u otro.

    Lo anterior, obliga a las empresas como a las autoridades y clase política a actuar con responsabilidad hacia el futuro. A las empresas a respetar la legislación vigente y funcionar en condiciones aceptables para la comunidad y a la clase política, a respetar la institucionalidad vigente actuando con visión de futuro, evitando caer en dividendos cortoplacistas que generalmente no son siempre favorables.

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